Un manifiesto contra la precariedad en la sanidad pública


Un millar de profesionales sanitarios y 30 organizaciones, entre ellas Dempeus per la salut pública, se unen en un manifiesto contra la precariedad laboral, ejemplo del desmantelamiento de la sanidad pública. Puedes leer y firmar el manifiesto aquí.

Los contratos por horas o días son una constante que afecta a los profesionales sanitarios. / David Fernández

Has conseguido que te den permiso en el trabajo para acudir a tu médica, pero no está. No tiene suplente. Como no es nada urgente, te sugieren que vuelvas otro día; no sabes cuándo. El enfermero está doblando consultas; lo ves en su cara de agobio mientras te toma la tensión, lo sabes por las veces que lo han interrumpido con llamadas en la consulta. Tu madre es una enferma terminal que necesita cuidados especiales, su médico está de vacaciones y en la última semana han acudido hasta tres profesionales diferentes a verla, con lo asustadas que estáis. La médica sustituta te ha tratado bien. Te gustaría volver a verla, pero mañana ya no estará.

Estas situaciones son habituales en nuestro sistema sanitario. No son nuevas, pero sí cada vez más frecuentes. Afectan a todos los sectores, pero es especialmente sangrante en la Atención Primaria, donde la longitudinalidad, la continuidad asistencial o la confianza entre profesionales y pacientes son pilares fundamentales.

Los contratos por horas y días o las bolsas de empleo opacas y disfuncionales son una constante que no sólo daña las condiciones laborales de los profesionales sanitarios por la temporalidad o la enorme vulnerabilidad, sino que también disminuye la calidad clínica y aumenta los errores sin disminuir los costes.

En mayo, la denuncia pública de una de estas situaciones a través de una red social dio lugar a una serie de correos electrónicos y reuniones entre diferentes profesionales, casi todos de medicina en Atención Primaria, cuyo resultado ha sido el manifiesto ‘La precariedad laboral sanitaria es un símbolo del desmantelamiento del Sistema Sanitario Público en España’, apoyado actualmente por más de mil personas y más de 30 organizaciones, entre las que hay sociedades científicas, asociaciones de pacientes o en defensa de la sanidad pública.

El escrito pretende servir como denuncia del daño a la salud de poblaciones, pacientes y profesionales generado por la precariedad sanitaria. Este manifiesto ha servido como punto de partida para visibilizar unos hechos y a partir de ahora poder iniciar un trabajo colaborativo común en el que cada una pueda aportar su parte.

Un ejemplo de este trabajo común, aunque no el único, es el de un grupo de “jóvenes médicas precarias” de diferentes territorios (Andalucía, Aragón, Catalunya y Madrid) que nos hemos unido para reflexionar y trabajar de forma conjunta sobre esta situación que atraviesa nuestras vidas.

Forma­das como médicas de familia y comunitarias, hemos llegado hasta aquí tras vivir muchas de las circunstancias de las que hablaba al principio, de la necesidad de explorar qué es para nosotras y cómo nos afecta la precariedad, de la amistad y del sentir que no estamos solas, del poder pasar de la protesta, de la impotencia, al reconocernos como iguales y empezar a proponer cambios.

Somos conscientes del poder social histórico del colectivo médico. Por eso, etiquetarnos como “precarias” nos supone en ocasiones un conflicto. Sabemos que en cierta medida somos privilegiadas por poder trabajar en lo que nos gusta, por tener un salario digno, por poder elegir. Sin embargo, también esto ha generado mucho conformismo e inmovilización.

Las excusas de “la vocación”, del “hay otros peor que tú” o “yo también pasé por eso, aún eres joven”, han justificado la aceptación de estas condiciones laborales con una escasa e insuficiente respuesta hasta ahora.

Trabajadoras y usuarias

En este sentido, para nosotras es importante no olvidar el marco global. Nos afecta a nosotras, pero es una realidad que afecta a muchas otras personas a nuestro alrededor.

Vivimos en un sistema en el que se generan cada vez más desigualdades y el término “precariedad” ya forma parte de nuestro vocabulario cotidiano. También cómo afecta al sistema sanitario público el que cada día te atienda un profesional diferente, o no se cubran las bajas, o se amorticen plazas en las zonas rurales.

La calidad asistencial va empeorando progresivamente y con ella la satisfacción de los usuarios. Por ello no creemos que este movimiento sea una cosa nuestra, sino que somos una pieza más del engranaje e implica a todas las personas trabajadoras y usuarias del sistema sanitario, como una cuestión de justicia social. Y tenemos que ver los modos de crear sinergias entre unas y otras.

De momento, tenemos una base para sostenernos. A partir de aquí nos planteamos cómo conciliar nuestras vidas con estas situaciones laborales inestables, qué hacemos con los cuidados, cómo vamos a enredarnos con profesionales más asentados que han mostrado su apoyo, qué espacios necesitamos, cómo los generamos, cómo lo estamos viviendo, cómo afecta a nuestros pacientes…

Tenemos más dudas que certezas, pero también un mapa sobre el que caminar, referentes y aliados. A partir de aquí, seguiremos caminando, despacito, porque vamos lejos.

Fuente: Diagonal Periódico

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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