Mercantilización de la salud y privatización del sistema sanitario


El Seminari Crític de Economia Taifa publica el informe “La desposesión de la vida cotidiana”. Las claves del despojo global

“Mientras asistimos a la mayor desposesión de derechos y recursos que afecta especialmente a la población más vulnerable, se está generalizando un discurso que pretende animarnos a salir de la crisis con esfuerzo, empeño y buena disposición, siempre en clave individualista”. El informe número 11 del Seminari d’Economia Crítica “Taifa”, dedicado a “La desposesión de la vida cotidiana”, analiza las claves del despojo, para lo que toma como punto de partida las nuevas orientaciones del capitalismo mundial y se centra en la merma del sistema fiscal en el estado español, los procesos de desindustrialización, la liquidación del Estado del Bienestar y las desigualdades, la mercantilización del sistema de salud y los entresijos de la factura eléctrica, entre otros puntos. “El sector público se vacía y los servicios sociales se debilitan o desaparecen”, apunta el informe de 144 páginas publicado en junio de 2016.

A continuación estractamos partes del informe dedicado a la  “Mercantilización de la salud y privatización del sistema sanitario”

La privatización de la salud

Introducción

Sin duda, uno de los aspectos que están generando mayor alarma entre los ciudadanos de los países que, como España, están sufriendo procesos de austeridad y de desmantelamiento del Estado del bienestar, son las consecuencias de dichas medidas en el sistema público de salud. Sin embargo, el nivel de alarma no es en absoluto proporcional a la gravedad del destrozo. Durante más de tres décadas, los españoles nos hemos sentido orgullosos de disponer de un sistema universal y gratuito, de gran calidad. A nadie se le hubiera pasado por la cabeza hace apenas diez años que debería preocuparse, en caso de caer enfermo, por las listas de espera, por las colas en urgencias o por la calidad del trato recibida por sanitarios que trabajan a destajo, médicos de cabecera que sólo cuentan con tres minutos para visitar a cada paciente, desabastecimiento de material básico o ayunas durante más de un día en los servicios de urgencias porque se ahorra en menús. Menos todavía podía uno imaginarse que todo esto se solaparía con un panorama desolador de plantas vacías y quirófanos cerrados, despidos masivos o sueldos congelados sólo para determinados profesionales de la salud, o médicos jóvenes huyendo despavoridos al extranjero. Simultáneamente, para acabar de rizar el rizo, se nos intenta cobrar un euro por receta, nos retiran a nuestro especialista o nos dan el alta precozmente desde el hospital privado-concertado al que nos han derivado, en virtud de alguna “alianza estratégica”, para desatascar el hospital público saturado por falta de personal y recursos, que a su vez han recortado los que ahora se llenan los bolsillos con el aumento de actividad del sector privado. Seamos sinceros con nosotros mismos: ¿qué hubiéramos contestado a quien nos preguntara hace una década si esto era posible en nuestro país? Probablemente, le hubiéramos dicho algo así: “Dejémonos de insensateces distópicas, eso sólo pasa en las películas yanquis; esto es Europa, necesitamos dos guerras mundiales y una dictadura para darnos cuenta de lo que es importante para el país, de lo que está indiscutiblemente blindado”.
……

A continuación, trataremos de ahondar en las causas y algunos de los aspectos más relevantes de este proceso de desposesión de la vida en el que estamos inmersos.

La sociedad terapéutica1: mercantilización de la vida y medicalización del malestar

Como se ha puesto de relieve hasta la extenuación en múltiples escritos y ponencias, una de las características fundamentales de la actual fase de la sociedad capitalista, una vez desarrollada y sometida a un proceso reciente de sofisticación, La Gran Transformación a la que aludió Polanyi, es que nuestras vidas y los aspectos entorno a los cuales se desarrollan han devenido en mercancías. Las raíces de dicho proceso de mercantilización en el terreno de la salud las hallamos tempranamente: en el diseño de los primeros grandes sistemas públicos de salud europeos a finales del siglo XIX y en especial tras la Segunda Guerra Mundial. En esa etapa se optó, de manera deliberada, por un sistema sanitario asistencialista en que el énfasis recayera en el tratamiento de enfermedades bien caracterizadas y abordadas por especialistas cada vez más aislados de los otros ámbitos de la medicina, a través de los enormes dispositivos sanitarios estatales que iban a desarrollarse más tarde, fundamentalmente a partir del Plan Marshall. Que ello se diera así por una determinación institucional supuso a su vez omitir deliberadamente otros planteamientos. Concretamente, implicó no considerar aquellas voces expertas que abogaban por un sistema salubrista, esto es, por considerar la salud como un conjunto de determinantes, tanto físicos como socioculturales, que se dan en los grupos humanos y no en personas individuales, y sobre los que se puede incidir antes del desarrollo de patologías que requieran tratamiento, priorizando la autonomía del sujeto y su capacidad de autopercepción de “anormalidad”.

Todo ello contribuye a que mercantilizar la salud haya sido un deseo del capital desde hace más de 50 años, pero sólo ahora, cuando el neoliberalismo se ha puesto manos a la obra en la tarea de dar una vuelta más de tuerca, una vez desarbolada la clase trabajadora, se han sentado las bases óptimas para llevarlo cabo. Sin embargo, como apuntábamos antes, el terreno ha sido abonado previamente, durante largos años, mercantilizando la vida y también la medicina. Esto, a su vez, ha dado lugar a un proceso de medicalización de la vida, un aspecto paralelo al de la mercantilización, que lo potencia, retroalimentándose a su vez.

La industria farmacéutica: máximo exponente del capital en el proceso de desposesión sanitaria

La Lista Fortune (500 mayores empresas del mundo) mostraba en 2002 que el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas superaba los beneficios acumulados por las otras 490 empresas. El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones.

El sector farmacéutico se encuentra en continuo crecimiento y se caracteriza por una competencia oligopólica en la que 25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial.

Entre las principales estrategias utilizadas hoy por la industria farmacéutica para obtener sus ganancias mil millonarias cabría destacar:

  1. Realizan una gran presión propagandística de los medicamentos que fabrican, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos para la salud.
  2. Explotan al máximo los medicamentos en forma de monopolio y en condiciones abusivas que no tienen en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva
  3. Reducen la investigación de las enfermedades que afectan principalmente a los países pobres, porque no son rentables, mientras se concentran en los problemas de las poblaciones con un alto poder adquisitivo, aun cuando no se trate de enfermedades (como la proliferación de “medicamentos” antienvejecimiento)
  4. Fuerzan las legislaciones nacionales e internacionales para favorecer sus intereses, aunque sea a costa de la salud y la vida de millones de personas (un caso claro son los lobbies en el Parlamento Europeo o el Congreso estadounidense).

En España, la situación se caracteriza por los siguientes aspectos:

  1. Un gasto farmacéutico elevado y en parte ocultado; por encima de la media de la OCDE;
  2. La prescripción apenas se limita en centros públicos y, en general, se fomenta por diferentes vías. Se han implementado algunas intervenciones al respecto como la promoción de los genéricos o tímidos intentos de mejora del perfil de la prescripción, de resultados mucho menos evidentes y con demasiada variabilidad;
  3. Los grandes beneficios de la industria se complementan con la desatención de aquellos medicamentos que aun siendo efectivos tienen una baja rentabilidad (recientemente se ha denunciado que en España hay desabastecimiento de 170 medicamentos cuyo suministro no se asegura por las farmacéuticas porque tienen muy bajos precios y/o porque han desarrollado alguna alternativa de eficacia similar pero de mayor precio);
  4. Los efectos secundarios de los medicamentos son frecuentes (en España el número de muertes anuales triplica la de los accidentes de tráfico);
  5. Los copagos se han tratado de instalar como lógica de amortización, encubriendo un repago que afecta primordialmente a los estratos de bajos ingresos.

El desmantelamiento del sistema sanitario público en el Estado español

Los supuestos político-económicos básicos tras el plan de privatización

En España, los principales mecanismos mediante los que se está llevando a cabo la desarticulación de la red sanitaria pública y el fortalecimiento de los centros privados son: la desregulación de los servicios sanitarios públicos, creando capital ficticio a través de la separación de la financiación y la provisión, lo que permite la desviación de servicios al sector privado; la incentivación de una presencia cada vez mayor del sector privado dentro del Sistema Nacional de Salud, en general a un coste mayor; deteriorando la imagen de la sanidad pública mediante los medios de comunicación y recortes presupuestarios que suponen un empeoramiento de facto; estableciendo copagos y fomentando el aseguramiento privado. A la postre, se pretende segmentar la asistencia sanitaria, con un sector privado que atienda a las clases altas y medias-altas y el estableciendo una nueva beneficencia para los sectores de asalariados con menor poder adquisitivo, parados y pensionistas.

Los instrumentos legales usados en la privatización sanitaria en el estado español

Según un informe de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP),7 los procesos comentados más arriba se desarrollan con la complicidad de los poderosos organismos internacionales controlados por los gobiernos de los países más ricos, como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el FMI, la ONU, la OMS y la UE. La aplicación de las estrategias neoliberales en los servicios sanitarios están orientadas por la denominada “Tríada neoliberal”: adelgazamiento del sector dependiente del Estado e introducción de copagos, expansión del sector privado y desregulación del sector público.

En su informe de 1987 sobre “Financiación de los servicios sanitarios: un programa de reformas”, el Banco Mundial recomendó cuatro medidas para aplicar en todos los sistemas de salud: trasladar progresivamente el gasto sanitario no cubierto por los impuestos a los usuarios de los sistemas sanitarios públicos; introducir seguros privados para cubrir los principales riesgos para la salud; potenciar la utilización de los servicios privados con cargo a fondos públicos; y descentralizar y fragmentar los sistemas de salud pública para promover la competencia interna de proveedores. Posteriormente, en 1993, el Banco Mundial publica su “Informe sobre el Desarrollo en el Mundo” donde se propone la introducción de empresas privadas en los sistemas sanitarios públicos y se recomiendan dos medidas para la mejora de la eficiencia en la asignación y gestión de los recursos sanitarios: entrada de una dinámica mercantil los sistemas sanitarios, promoviendo la competencia entre proveedores públicos y privados y recortes de recursos y externalización (privatización) de los servicios, potenciando las intervenciones de alta efectividad y bajo coste. Esta reorientación estratégico-ideológica está orientada a introducir el mercado en espacios que antes le estaban vetados y reservados al Estado.

Las principales características del proceso de privatización en las comunidades autónomas

La privatización sanitaria se inició en España poco después de aprobarse la Ley General de Sanidad (1986), cuestionándose así el modelo de sanidad pública que propugnaba dicha ley. Los fenómenos de privatización han tenido una intensidad variable según las CCAA atendiendo tanto al grupo político en el gobierno como a otras circunstancias. En cualquier caso el fenómeno privatizador se profundizó y diversificó a partir de la finalización de las transferencias en materia sanitaria en 2001 y se ha acentuado en los últimos años. Según un estudio reciente de la FADPS,8 cuya principal limitación, aclaran sus autores, es la ausencia de transparencia de las administraciones sanitarias, viéndose enormemente dificultada la búsqueda de datos homogéneos para todas las CCAA, que analiza los grados de privatización por los que se ven afectados las mismas, varían notablemente. La clasificación ordenada de mayor a menor grado de privatización es la siguiente: Madrid, Catalunya, Galicia, Baleares, Canarias, País Vasco, Aragón, Castilla y León, Valencia, Cantabria, Navarra, Rioja, Andalucía, Asturias, Castilla la Mancha y Extremadura.

EL CASO DE CATALUNYA

El sistema sanitario catalán se ha caracterizado, desde la transferencia de las competencias en materia de salud desde el Gobierno central en los años ochenta, por su complejidad. Especialmente definitorio de este sistema, en comparación con el resto de sistemas de salud de las otras comunidades autónomas, es el lento proceso de solapamiento y constante interacción entre los proveedores públicos y privados (incluida la beneficencia y las “entidades sin ánimo de lucro”). El proceso de privatización progresiva de la sanidad catalana ha sido subrepticio, pasando desapercibido a ojos de gran parte de la población, de los usuarios y de los mismos profesionales de la salud. La creación de fórmulas de gestión privada de los entes públicos ha sido la medida más reciente de las implementadas que más influencia ha tenido en la conformación definitiva de un sistema, que a medio plazo, aspira, según los objetivos de sus gestores durante las últimas dos décadas (fundamentalmente vinculados al partido CDC, pero en ocasiones con la connivencia del PSC y de ERC en el Parlament), a un sistema fundamentalmente privado, de acceso a través de mutuas de trabajo o privadas, a los recursos de baja o media complejidad, en el que la parte relativamente pública que quede, de alto nivel de complejidad, se restrinja exclusivamente a la atención de aquellos pacientes que sea demasiado caro tratar en la privada, tanto por la formación de sus profesionales como por el material requerido. Cada vez un porcentaje menor de pacientes podrá acceder a tanto a un formato como al otro, por lo que se generarán circuitos de beneficencia para los que no puedan costearse un seguro en salud.

Los resultados de las últimas elecciones en Catalunya no son halagüeños con respecto a los posibles derroteros que pueda tomar el sistema sanitario catalán en lo venidero. Los ganadores son los que han inducido los cambios comentados en esta sección.

Las consecuencias de las reformas sanitarias en la vida cotidiana

Determinantes sociales de la salud. Desigualdades en salud: el caso del género y del ámbito doméstico

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Además de los factores orgánicos que son causas conocidas de enfermedad, a los que dirige habitualmente su atención el sistema sanitario, existe una serie de causas en general completamente desatendidas. Estas causas constituyen un conjunto de factores sociales, económicos y políticos que están en la base de las causas inmediatas atendidas por la mirada médica actual. Estos determinantes sociales de la salud no son de carácter natural, sino que su incidencia en la sociedad dependerá de las decisiones políticas que afectan al sustrato económico-cultural de los diferentes grupos que la integran. La clase social, el género, la etnia o la procedencia geográfica son algunos ejemplos de condiciones determinantes de la potencial salud, entendida en su pleno sentido, que un individuo previsiblemente podrá alcanzar a lo largo de su vida, influyendo en factores tan limitantes para el pleno desarrollo como son el nivel de ingresos, el nivel educativo, la precariedad laboral, la sobrecarga doméstica, la inestabilidad familiar, el agravio comparativo por razón de sexo o raza, etc., que se concretan en la alimentación, el consumo de tabaco, los trastornos emocionales y psiquiátricos graves, la higiene habitacional, los hábitos de ejercicio o la exposición a enfermedades ocupacionales entre otros. La Comisión de Determinantes Sociales de la Salud de la OMS apunta que la combinación inadecuada de esos determinantes sociales la que daña la salud y crea desigualdades. Por lo tanto, debe insistirse en recalcar que la realidad es muy diferente a lo que describen las autoridades sanitarias o los medios de comunicación: las causas más importantes del deterioro de la salud de la población en general no son ni genéticas ni derivados de actitudes “insanas” a nivel individual. Las causas de los determinantes sociales se producen por las distintas elecciones y prioridades políticas de los gobiernos, las empresas, los sindicatos y las diversas fuerzas sociales que tienen algún tipo de poder político. Así pues, la desigual distribución en el poder económico y social existentes, entre y dentro de los países, es la que condiciona las políticas sociales elegidas, que a su vez influirá en la salud de las personas. La desigualdad en salud aqueja especialmente a las clases sociales más oprimidas y explotadas de la sociedad: los trabajadores y trabajadoras pobres en situación de precariedad laboral y sistemáticamente explotados, las mujeres pobres desempleadas que viven solas con sus hijos, los inmigrantes en situación de ilegalidad y sin recursos objetos de discriminación, las personas excluidas, ‘sin techo’, o en situación de grave marginación social.

La salud laboral se ha centrado tradicionalmente en la exposición a riesgos de seguridad, higiene y riesgos ergonómicos y psicosociales, pero ha olvidado la influencia del trabajo doméstico y familiar sobre la salud. Igual que el trabajo remunerado, el no remunerado implica la exposición a riesgos de seguridad, de higiene, ergonómicos y psicosociales, pero los accidentes y las enfermedades relacionados con el trabajo doméstico y familiar no se recogen ni se previenen de manera sistemática. Desde la perspectiva de las mujeres esto es muy importante, ya que son mucho más frecuentes en el sexo femenino. El ámbito doméstico puede ser una fuente de exposición a sustancias químicas peligrosas: por ejemplo, es conocida la relación entre el trabajo de limpieza y el asma. El trabajo doméstico implica también la exposición a riesgos ergonómicos y psicosociales tales como los relacionados con el cuidado de las personas con discapacidad que, además de un esfuerzo físico y mental, a menudo supone una excesiva exigencia emocional. Además de ser una fuente potencial de exposición a diferentes riesgos, el trabajo es también uno de los ejes principales de la vida y de la identidad de las personas; sin embargo, mientras que el trabajo remunerado es una fuente de estatus, poder y oportunidades, el trabajo doméstico y familiar está socialmente infravalorado. En este sentido se ha recalcado que, a la hora de considerar los determinantes sociales de la salud de las mujeres, sería un error olvidar las influencias que emanan de la sociedad más allá del puesto de trabajo, como el patrón de poder y la subordinación en el hogar, ya que las mujeres no tienen todavía el poder de obligar a los hombres a compartir el trabajo doméstico y de cuidado (y no importa cuán alta sea la cualificación del trabajo de la mujer). La división sexual del trabajo que asigna a las mujeres el trabajo doméstico y familiar y a los hombres el papel de sostén de la familia, es el punto de partida.

La reforma laboral y su impacto en la salud

La reforma laboral impuesta por el gobierno del Partido Popular, especialmente a partir de la aprobación del Decreto-Ley 3/2012 representa una agresión neoliberal sin precedentes históricos recientes a los derechos laborales de millones de trabajadores y trabajadoras, abaratando y facilitando los despidos, debilitando los convenios colectivos y fortaleciendo los “acuerdos” individuales, precarizando el mercado laboral y empeorando las condiciones de trabajo mediante la “flexibilidad interna”.

Aunque no disponemos de los estudios sociológicos, laborales, epidemiológicos y de salud pública que permitan medir su impacto real, el aumento del desempleo que ha conllevado genera riesgos que dañan la salud y aumentan la probabilidad de enfermar.11 El estrés crónico produce graves problemas de salud como la depresión (tres veces más que en quienes trabajan), “engancharse” a drogas (legales o ilegales), padecer enfermedades cardiovasculares (angina, infarto de miocardio, etc.), morir prematuramente o suicidarse. Los problemas empeoran en las familias obreras, los pobres y las madres solas con hijos. Por ejemplo, en los parados sin subsidio los problemas de salud mental se multiplican por tres en profesionales y por siete en trabajadores manuales, riesgos que se reducen mucho cuando hay subsidios. Junto a los “desempleados oficiales” hay cientos de miles de parados encubiertos y todavía más trabajadores en situación de grave precariedad laboral. La mayoría de factores que favorecen el aumento de la flexibilidad interna de las empresas aumentarán los factores de riesgo de trabajadoras y trabajadores, lo cual se traducirá en más accidentes de trabajo, problemas de salud y enfermedades y un mayor riesgo de morir prematuramente. Por ejemplo, la inseguridad laboral en las condiciones de trabajo, en especial la crónica, empeora la salud física (problemas cardiovasculares, aumenta el sobrepeso y la obesidad, el nivel de colesterol, la tensión arterial) y mental (mayor ansiedad, más trastornos del sueño), incrementando el número de visitas médicas. Una distribución irregular de la jornada de trabajo, en especial el trabajo a turnos, así como las largas jornadas de trabajo debidas a las prolongaciones de jornada, incrementan la fatiga (especialmente en el trabajo nocturno), los accidentes y el riesgo de tener trastornos cardiovasculares, amén de producir trastornos del sueño y mayores dificultades para responder a las demandas del espacio doméstico-familiar y del espacio asalariado. En las empresas con procesos de ajustes de plantillas, ya sea a través de la no renovación de contratos, de los despidos individuales o de los expedientes colectivos de regulación de empleo, se produce un empeoramiento de las condiciones, de los riesgos psicosociales y de la salud entre el colectivo superviviente El miedo a ser despedido, la precarización del empleo y el menor poder de los trabajadores favorecen la extensión del llamado “presentismo” laboral (la presencia de los trabajadores en sus puestos de trabajo aun estando enfermos). En España, un estudio muestra como el “presentismo” ha aumentado notablemente en los últimos años debido a la actual crisis económica: desde un 45% en 2010 al 85% en 2012, lo que significa que actualmente ocho de cada diez trabajadores pasan más horas de las establecidas en sus puestos de trabajo. Entre quienes alargan su jornada en la empresa, seis de cada diez argumentan que lo hacen por temor a perder su empleo, mientras que el 24% se queda en su puesto porque falta personal (Randstad, 2010). El presentismo aparece con mayor frecuencia en los colectivos con más dificultades para hacer valer sus derechos. Los cambios en las relaciones laborales de la reforma laboral facilitan la reducción de salarios y la renta de las familias, lo cual contraerá aún más el consumo y el PIB. Todo ello repercute en un aumento de la pobreza y en un mayor número de “trabajadores pobres”, con el efecto final de una mayor desigualdad social.

  1. Hemos tomado prestada la expresión del Espai en Blanc, Ver el número 3-4 de la revista, 2007. []
  2. Carlos Pérez Soto, Marxismo aquí y ahora. Cap. 3, Sobre la mercantilización de la medicina. Editorial Triángulo, 2014. []
  3. Informe de la FADSP, La enfermedad, un negocio para la industria farmacéutica, 2015. []
  4. Informe de la FADSP, Hepatitis C: un comité sesgado y plagado de conflictos de interés. []
  5. Informe de la FADSP, La peligrosa relación entre la industria y los profesionales sanitarios. []
  6. Mariano Sánchez Bayle, Informe 6 del Observatorio de Salud GREDS-EMCONET. Sinpermiso, 2011. []
  7. Informe de la FADSP, Los cinco Instrumentos legales que están detrás del desmantelamiento y privatización de la Sanidad Pública, 2015. []
  8. Informe de la FADSP, Los Servicios Sanitarios de las CCAA. 2015. []
  9. Nos inspiramos fundamentalmente en: Ana Martínez, Montse Vergara, Joan Benach y Gemma Tarafa, Grupo de trabajo sobre el impacto de la privatización de la sanidad en Catalunya. Cómo comercian con tu salud. Privatización y mercantilización de la sanidad en Catalunya. GREDS-EMCONET, 2014. []
  10. Fuentes principales: Joan Benach, Informe 1 Observatorio de Salud. GREDS-EMCONET, Sin Permiso 2011 y Lucía Artacoz, Informe 4 Observatorio de Salud. GREDS-EMCONET, Sin Permiso 2012 []
  11. Joan Benach y cols. Informe 3 Observatorio de Salud. GREDS-EMCONET, Sin Permiso 2012. []

Hemos reducido deliberadamente el informe, para facilitar un lectura rápida, pero recomendamos la lectura en profundidad del informe completo.

Mercantilización de la salud y privatización del sistema sanitario

 

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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