¿Comen lo mismo pobres que ricos?


Interesante artículo de Esther Vivas que incide en una de las desigualdades más básicas entre ricos y pobres: la alimentación.
Acompañamos estas reflexiones sobre la importancia de una alimentación sana, con un reciente estudio hecho en el Reino Unido sobre el precio de los alimentos: Los alimentos sanos suben más de precio en una década que los menos sanos.
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De la lucha de clases y las cosas del comer

¿Comen lo mismo ricos y pobres? ¿Nuestros ingresos determinan nuestra despensa? Hoy, ¿quiénes son los gordos? A pesar de que a menudo, y desde determinados ámbitos, se asocia con desdén la apuesta por una comida sana y saludable a “una cosa” de “pijos”, “hippies” o “comeflores”, la realidad, como a menudo sucede, dista mucho de los comentarios cortos de miras. Defender una alimentación ecológica, local y campesina es de lo más “revolucionario”.

Si miramos de cerca al modelo agroalimentario vemos como éste viene determinado, sin lugar a dudas, por los intereses del capital, o lo que es lo mismo los intereses de las grandes empresas del sector (agrodindústria y supermercados), las cuales buscan hacer negocio con algo tan esencial como es la comida. El sistema capitalista, en su carrera por transformar necesidades en mercancías y derechos en privilegios, ha convertido los alimentos, y aún más aquellos de calidad, en objeto de lujo. Del mismo modo que ha hecho de la vivienda un bien solo accesible a quienes se lo pueden permitir, y misma suerte corren nuestra sanidad y educación.

Aunque no solo la lógica del capital golpea el modelo alimentario, la mano invisible del patriarcado mueve también los hilos de este sistema. Sino, ¿cómo se explica que aquellas que más producen comida, las mujeres, sean las que más pasan hambre? No olvidemos que entre el 60% y el 80% de la producción de alimentos en los países del Sur, según datos de la FAO, está en manos de las mujeres, sin embargo estás, paradójicamente, son las que sufren el 60% del hambre crónica global. La mujer trabaja la tierra, pero no tiene acceso a la propiedad de la tierra, a los medios de producción, al crédito agrícola. He aquí la cuestión. No se trata de ideologizar los discursos, pero si dejar claro a todos aquellos que consideran que esto del “comer bien” es solo cosa, como dirían en francés, de “bobos”, de “bourgeois bohème”, que nada más lejos de la realidad.

Si damos respuesta a las preguntas iniciales, los datos constatan tal afirmación. ¿Comen lo mismo ricos y pobres? No. ¿Nuestros ingresos determinan nuestra despensa? Efectivamente. Un estudio de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca pone blanco sobre negro: un 45% de los afectados por desahucios tiene dificultades para comprar los alimentos necesarios para comer. Los ingresos económicos ponen límites a lo que adquirimos: disminuye el consumo de carne de vacuno y pescado y, en relación al período anterior a la crisis, el consumo de fruta y verdura fresca. Por contra, aumenta la adquisición de productos menos nutritivos, altamente procesados y ricos en calorías, como los dulces envasados: galletas, chocolates y sucedáneos, bollería y pastelería. Nuestra clase social, formación y poder adquisitivo, determina qué comemos.

Entonces, hoy, ¿quiénes son los gordos? En general, quienes menos tienen, y peor comen. Mirando el mapa de la península queda claro: las comunidades autónomas con mayores índices de pobreza, como Andalucía, Canarias, Castilla-La Mancha y Extremadura, concentran las cifras más elevadas de población con exceso de peso. En Estados Unidos, quienes padecen mayores problemas de obesidad son las comunidades  afroamericanas y latinas. La crisis no hace sino acentuar la diferencia entre comida para ricos y comida para pobres.

Cuestionar el modelo agroalimentario dominante y apostar por otro de antagónico al mismo, que coloque en el centro las necesidades de las personas y el respeto a la tierra, es dar en el corazón de la lucha de clases. Los jornaleros del Sindicato de Obreros del Campo (SOC) en Andalucía, con Diego Cañamero y Juan Manuel Sánchez Gordillo a la cabeza, difícilmente calificables de “pequeño burgueses”, lo tienen claro. Su trabajo en defensa de un mundo rural vivo, de la tierra para quien la trabaja, a favor de la agricultura ecológica, por otro modelo de consumo es un “combate” en defensa de “los nadie”, los oprimidos.

Apostar por una alimentación y una agricultura local, saludable y campesina, no les quepa duda, es de los más subversivo.

*Artículo en Público.es, 31/10/2014.

Fuente: Esther Vivas

Los alimentos sanos suben más de precio en una década que los menos sanos

En el Reino Unido, mil kilocalorías cuestan 2,3 euros más en productos saludables, frente a los 0,92 que han subido si se consumen en los menos convenientes

El precio de los alimentos saludables ha subido más que el de los menos sanos en el Reino Unido en la última década. Según un estudio, el precio de 1.000 kilocalorías de alimentos saludables ha subido de 7,18 euros a 9,53, es decir, 2,3 euros. Esa misma cantidad de energía en alimentos menos sanos cuesta 3,18 euros, frente a los 2,25 de hace diez años, es decir, 0,92 euros más.

Evolución de los precios por grupos de alimentos en el Reino Unido. Fuente: PLOS ONE.

La idea de que las comidas sanas son más caras no es nueva. Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge ha estudiado la variación de precios de los productos en el Reino Unido para saber cómo han evolucionado en los últimos 10 años.

Sus conclusiones indican que la subida continuada de precios de los alimentos ha sido mayor para la comida saludable, como los tomates y el pescado, aumentando la diferencia de precios con la no saludable, como la comida rápida, los dulces y los helados.

“Las comidas saludables deben ser frescas y perecen, por lo que es más caro hacerlas llegar al consumidor, sobre todo porque son más sensibles a los costes de distribución, como la subida del petróleo”, declara a Sinc Nicholas Jones, coautor del estudio que publica la revista PLOS One.

Según el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, el coste relacionado con las enfermedades alimentarias ha sido de más de 7 mil millones de euros anuales. El estudio sobre Carga Mundial de Morbilidad (GBD, por sus siglas en inglés), publicado en 2010, encontró que el 14,3% de las enfermedades de Reino Unido eran consecuencia de las dietas no saludables.

“La creciente brecha entre los precios de las comidas más y menos saludables es un factor que contribuye a la inseguridad alimentaria, agravando las desigualdades sociales y deteriorando la salud de la población”, alerta Jones.

Precio por tipo de compra

Los autores del estudio clasificaron cada alimento como menos saludable o más saludable, según su contenido nutricional, siguiendo el modelo de clasificación desarrollado por la Agencia de Normas Alimenticias de Reino Unido.

Mientras que la comida menos sana ha sufrido un ligero aumento de precio desde 2002, el incremento ha sido significativamente mayor para la comida sana. Traducido en cifras, esto se convierte en un aumento total de 2,3 euros por cada 1.000 kilocalorías de alimentos saludables en diez años, frente a un incremento de 0,92 euros de los menos sanos.

En 2002, 1.000 kcal de comida saludable costaban un promedio de 7,18 euros, comparados con la compra de la misma cantidad de energía en forma de comida menos sana: 2,25 euros. En 2012, este coste ha subido hasta los 9,53 euros para la comida más sana, y 3,18 euros para la comida menos sana.

Otro problema añadido es la desigualdad social y los perjuicios para la salud pública. “La pobreza alimentaria y el auge de bancos de alimentos son un problema en Reino Unido. Es importante preservar la accesibilidad a una dieta saludable”, afirma Jones.

Causas de la desigualdad

Los autores indican que esta brecha en los precios necesita un control en beneficio de la salud pública. “Nuestra investigación no habla directamente sobre la causa de la desigualdad de precios, pero otras investigaciones sugieren que hay numerosos factores que influyen en el aumento de coste, como la política agrícola, la producción, las redes de distribución, etc.”, explica el investigador.

De entre los factores que más afectan a esta diferencia de precios, los científicos señalan a la Política Agrícola Común de la UE –que subsidia la producción de determinados bienes, tales como lácteos, aceite y azúcar– y, por consiguiente, tiene el potencial de afectar a la salud pública, e influir en la disponibilidad y el precio de los alimentos.

“Los resultados no nos sorprendieron, ya que en otros países la situación es similar. Sin embargo, este es el primer estudio que se hace sobre la diferencia de precios en Reino Unido”, afirma el investigador.

Actualmente, la población de Reino Unido ingiere un exceso de grasas saturadas y azúcares. Frente a esto, el Departamento de Salud de Reino Unido recomienda el consumo de productos saludables, como frutas, verduras, comidas bajas en grasas y ricas en proteínas.

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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