La abonada privatización de la sanidad pública catalana y sus efectos en los sectores sociales más vulnerables


Un artículo de Salvador López Arnal en Rebelión, en el que comenta el caso de Isabel Martínez, del que ya nos hicimos eco hace unos días en este blog ( Un hospital de Tarragona cobra 9.300 euros por evitar la lista de espera a una mujer).
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La privatización de la sanidad pública, no interrumpida ni siquiera un nanosegundo durante los dos gobiernos tripartitos catalanes (era más que moderno seguir por esa vía neoliberal, la “tercera vía” sanitaria de la senyora Marina Gelli) sigue varios procedimientos. Directores de Hospital que cobran sueldazos y se mantienen sumisos a los dictados del poder político del turno y a los intereses corporativos anexos; conciertos con negocios sanitarios privados (la Iglesia católica no excluida como tampoco deben ser excluidas grandes y poderosas multinacionales) que amplían generosamente de este modo sus abultadas cuentas de resultados; transformación de nudos del ámbito público en territorio privado o privatizado. De todo hay en la viña privada del Señor y seguramente hay más senderos que desconozco u olvido.

La lanza privatizadora ha penetrado, además, en hospitales de referencia. El Clínic entre ellos, que tiene su marca privada, Barnaclínic (donde una vez, tal vez más, se operó el Rey Borbón, el suegrísimo del yernísimo). Es un ejemplo de su aportación a la modernidad neoliberal sin, ni qué decir tiene, el apoyo de la mayoría de los trabajadores del Hospital que siguen haciendo una labor encomiable. Tengo vínculos familiares directos con algunos de los departamentos del Hospital y sé de la generosidad y entrega pública de la inmensa mayoría de sus trabajadores.

Pero el rayo privatizador no cesa. Un caso reciente con consecuencias más que evidentes para los sectores más vulnerables de nuestra comunidad. Ni que decir tiene que, en general, al gobierno de la Generalitat, Artur Mas, Mas-Colell y Boi Ruiz son aquí sus figuras centrales, el escenario descrito le parece la mejor de las representaciones posibles.

“Un hospital cobra 9.300 euros por evitar la lista de espera a una mujer. La paciente se operó en el mismo centro y con el mismo médico que la atendía por lo público”. Son los titulares de un artículo de Mercè Pérez Pons y Antía Castedo publicado en la edición catalana del global-imperial-telefónico [1]. Tomo pie en él para mi comentario.

El hospital de El Vendrell es uno de los 60 hospitales que están financiados casi enteramente por la Generalitat. La gestión está en manos de Ayuntamientos, fundaciones u otras entidades públicas y privadas. Este centro es propiedad de una Fundación de nombre “Ernesto Guevara-Norman Bethune”… No, no, es broma. Es la Fundació Sant Pau i Santa Tecla que es otra cosa desde luego. Su concierto con CatSalut, el Servicio Catalán de la Salud, le aporta el 100% de su actividad… Perdón, perdón, me he equivocado de nuevo. ¡Es el 97%, qué exagerado! Es el hospital de referencia para unas 100.000 personas de una comarca de Tarragona, el Baix Penedès. Como muchos otros hospitales concertados-privados de la red de atención pública, “todos los catalanes menos los ocho que gestiona directamente la Generalitat” señalan las excelentes jóvenes periodistas de El País, el hospital de El Vendrell, otro más, “ha visto en la doble puerta pública y privada una fórmula para aumentar sus ingresos ante los recortes.” Le llaman “emprendeduria”, iniciativa empresarial creativa. Vale.

El hospital tarraconense tiene una lista de espera para implantar prótesis de cadera que supera de largo los seis meses (el plazo máximo que, en principio, garantiza el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña). Pero si un paciente paga, Sant Pere canta al lado de Núria Feliu y puede saltarse la fastidiosa lista que queda para pobres y tontos.

Es el caso de Isabel Navarro, una vecina de Santa Oliva (Tarragona), una ciudadana ahora jubilada de 66 años. Como no podía aguantar más el dolor y se sentía incapaz de soportar el año que le decían que tenía por delante, “accedió a pagar 9.300 euros para ser intervenida en unos días por la vía privada”. En el mismo hospital y por los mismos médicos que debían atenderla por la sanidad pública.

Todo se inició a mediados de 2013. Empezó a sentir molestias. El diagnóstico fue claro: había que operar la cadera. Isabel fue incluida en la lista de espera el 11 de julio. Los días pasaban, la operación no llegaba y las molestias empezaban a ser insoportables. “No podía más, había momentos en los que no era capaz de moverme de la cama, y yo siempre había sido muy activa. Me gusta caminar, ir en bicicleta…” es la señora Navarro quien habla. “Primero nos dijeron que la lista de espera era de un año; después, de 14 meses… Cada vez la fecha de operación se alargaba más” [2], ahora es su hija, Virginia Moreno, quien explica la situación.

Fue Virginia quien acudió al hospital para preguntar si podían saltarse la lista de espera pagando en el mismo centro. “Nos dieron un presupuesto, reunimos los ahorros de todos los hermanos y de mi madre y en menos de un mes la operaron”. Curt i ras.

La señora Isabel fue intervenida finalmente el 9 de diciembre. Por la tarde. La familia pagó. El desglose de los 9 mil: 2.142 euros por una semana de hospitalización (negocio para el Hospital); 1.200 por el módulo en el que fue intervenida (más de lo mismo); 3.000 euros de honorarios para los facultativos (un complemento, a nadie amarga un dulce crematístico) y 2.800 por la prótesis (negocio para alguna empresa, tal vez anexa o con acuerdos con el Hospital).

Según Salud, no es irregular que un hospital financiado con fondos públicos realice actividad privada. Faltaría más, de eso se trata, eso es lo moderno. Eso sí: lo es, es irregular, “que un paciente que entra por la vía pública acabe siendo operado en el mismo centro por lo privado”. El caso en cuestión. ¿O no? “A mi madre la operó el mismo médico, la atendieron las mismas enfermeras y la operaron en los quirófanos del mismo hospital donde se atiende por la sanidad pública”.

La dirección del centro asegura que la intervención se hizo en un “circuito diferente” y que no se retrasó ninguna intervención pública para operar a Navarro. ¿En un circuito diferente? ¿Y qué circuito debe ser ése? Si no se retrasó ninguna intervención, parece obvia la conclusión: es ineficaz la organización de las listas de esperas porque interesa crematísticamente que sean ineficaces. Los negocios son los negocios.

Vale la pena recoger algunas críticas, de experimentadas defensoras de la sanidad pública, al escenario de fondo de la sanidad catalana cuyos gestores aspiran a privatizar poco a poco… o de golpe en ocasiones.

“Los médicos que atienden en la pública pueden incurrir en un conflicto de interés si también cobran en la privada Las instalaciones públicas no deberían hacer atención privada” ha señalado Carme Borrell, miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública.

“Las listas de espera son un instrumento para empujar a los pacientes a ir a la privada”, critica Àngels Castells, de la plataforma en defensa de la sanidad pública Dempeus.

La ciudadana Isabel, por su parte, ha señalado al rovell de l’ou de la situación: “Toda la vida pagando la Seguridad Social y cuando tengo un problema no pueden atenderme bien. Yo he sido una afortunada, pero pienso en todas las personas que no pueden costearlo y están sufriendo”.

PS: El Departamento de Salud de la Generalitat anunció el pasado viernes que abrirá un expediente informativo al hospital para estudiar si el centro incurrió en irregularidades. El hospital, por su parte, ha afirmado que ha pedido la apertura de un expediente para garantizar la “máxima transparencia”. Ha añadido que tiene “interés” en clarificar los hechos. Vale, será eso, y nos lo creemos.

Notas:

[1] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/13/actualidad/1394744286_643000.html

[2] La dirección del centro desmintió el relato familiar: el tiempo medio de espera en el hospital para implantar una prótesis de cadera fue de 7,3 meses en 2013. Más de seis meses en todo caso y, como es evidente, se habla de tiempo medio de espera.

Salvador López Arnal es nieto del obrero cenetista asesinado en el Camp de Bota de Barcelona en mayo de 1939 –delito: “rebelión”- José Arnal Cerezuela.

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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