Crisis y salud pública. Entrevista a Sergi Raventós


Sergi Raventós

Sergi Raventós

Àngel Ferrero entrevistó a Sergi Raventós acerca de las consecuencias de las políticas económicas de austeridad sobre la salud pública.

¿Antes de hablarnos de la sanidad pública, podrías diferenciarla del concepto de salud pública?

La salud pública incluye los sistemas sanitarios como aquellos servicios que prestan una atención sanitaria pública, pero incluye otros factores y determinantes de la salud como el medio ambiente, las condiciones de vida y trabajo, el control de epidemias, etc. La salud pública sería por tanto una tecnología social que se encargaría de la prevención y promoción de la salud de las poblaciones en las diversas esferas humanas. Se trataría de un bien colectivo y no privado. Es conveniente clarificar esto pues la sanidad pública a pesar de ser fundamental para nosotros y es evidente que en estos momentos es importante su relevancia, es un componente más de la salud de las personas. No tener una vivienda, vivir en un barrio contaminante o estar en paro puede ser mucho más determinante para la salud de una persona. ¿Sabes que en Barcelona un vecino del barrio de zona alta de Sant Gervasi tiene una esperanza de vida de 81 años y uno del Raval 73, o sea 8 menos? Y hablando de los mismos barrios ¿sabes que la renta media de una familia de Sant Gervasi es de 195 y la del Raval es de 62, poniendo como media una renta de 100? Estas desigualdades en salud son aquellas diferencias que se consideran injustas y evitables.

¿Cómo están afectando las políticas de austeridad en la sanidad pública en el conjunto del Estado y particularmente en Cataluña?

Se hace difícil a estas alturas poder hacer todo el listado de medidas de desmantelamiento de la sanidad pública y favorecedoras de la privatización de la sanidad privada que llevan haciendo desde hace años. No son pocas. Desde que cayeron los beneficios en el sector industrial, las ganas para ganar terreno en el sector público como la sanidad o la enseñanza fue una apuesta clara por las clases y élites sociales deseosas de recuperar ganancias económicas. De hecho, en los últimos 30 años de hegemonía neoliberal el BM, el FMI y la OMC han recomendado ir mejorando la rentabilidad económica de los centros sanitarios para proceder a la posterior privatización. Aconsejan debilitar y fragmentar el sector público para escapar a los controles y “externalizar” la provisión de servicios a empresas privadas. El famoso Informe Abril Martorell es un buen ejemplo de ello. Un informe que encargó el gobierno de Aznar y que después se formalizó jurídicamente en la Ley 15/97 para la privatización sanitaria. Una privatización que ya ha demostrado en algunos lugares la mala gestión, prácticas poco transparentes y despilfarro como ha denunciado el Tribunal de Cuentas.

La evolución en los últimos años ha sido nefasta: han aumentado los conciertos y externalizaciones al sector privado, se ponen en marcha Entidades de Base Asociativa en los centros de salud, se privatizan hospitales que eran públicos… En las Islas Baleares los consorcios de empresas constructoras y los bancos son dueños de los hospitales de referencia y los gestores de los servicios no clínicos, a cambio del alquiler a la sanidad pública y la hipoteca de los edificios. No es casual que el negocio de los seguros médicos privados desde el año 2008 que se inicia la crisis ha generado ya 131.000 nuevos contratos y han aumentado los ingresos en 227 millones de euros.

En cuanto al Estado hay que decir que a pesar de ser uno de los países de la UE que menos recursos públicos ha destinado a la sanidad todavía era uno de los sistemas sanitarios más reconocidos a nivel mundial. En 2009 se dedicó el 6,7% del PIB, y en cambio la media de la UE de los 27 fue del 7,4%. Francia destinó un 8,3% o el Reino Unido un 8,5%. Aún así los resultados de la sanidad pública han sido muy óptimos y bien valorados en varios aspectos.

En el año 2011 los recortes ya supusieron 5.000 millones menos de presupuesto para la sanidad, plantillas congeladas y cierre o reducción de servicios y centros. La tendencia ha sido peor en los últimos años: se ha acabado la casi universalidad del sistema pues hay más de 870.000 personas sin tarjeta sanitaria, 52.000 médicos y enfermeras que han perdido el trabajo, el copago hospitalario para determinados medicamentos necesarios para patologías como hepatitis C y algunos tumores. Citaré lo que dicen algunas fuentes reconocidas en este ámbito sobre todo esto: según la OMS el Estado español “va en la dirección contraria a las recomendaciones de una asistencia sanitaria universal”. Para la revista British Medical Journal los recortes “están poniendo vidas en peligro”, para una de las más prestigiosas revistas científicas, TheLancet, “la austeridad cuesta vidas”.

Creo que la intención de cargarse el sistema sanitario público aprovechando la crisis es evidente. Quieren presentar las privatizaciones de centros sanitarios y hospitales como la solución.

En cuanto a Cataluña desde los tiempos de los primeros gobiernos de CiU tenemos un sistema sanitario mixto público-privado que contó con el apoyo del PSC y de otras fuerzas parlamentarias. Es un sistema en que históricamente y junto a los hospitales públicos hay una red de centros semipúblicos y privados con presencia de grupos privados y eclesiásticos.

Hay que recordar que el gobierno tripartito con la socialista Marina Geli al frente de la consejería de sanidad ya hizo algunas aproximaciones al copago e hizo transformaciones en el Instituto Catalán de la Salud en un sentido neoliberal. El proceso de privatización aquí se ha hecho de forma más sutil. En Madrid ha sido de golpe y en Cataluña de forma más anestesiada pero con el mismo objetivo: traspasar recursos públicos a la privada y a las grandes corporaciones.

Aquí en Cataluña abundan los eufemismos del tipo: “colaboración público-privada” cuando se trata de parasitar a la sanidad pública, o incluso de “copago” cuando lo que hacemos es volver a pagar lo ya pagado antes, o sea que es propiamente un repago.

En los últimos años lo que están haciendo con el sistema sanitario público es demencial. Se hace complicado explicar cómo un sistema reconocido y acreditado internacionalmente lo han ido deteriorando de una manera metódica y planificada. Enumerar todas las medidas que han hecho sería interminable. El objetivo es debilitar la salud pública en sus tres vertientes de atención, docencia e investigación. La reducción de más de un 20% real en el presupuesto sanitario en el primer semestre de 2013 puede dar pistas de lo que significa. Esto es un cambio de las reglas del juego. Están sangrando el sistema público, lo están deteriorando y de esta manera promocionando de forma más o menos evidente al sistema privado.

Las listas de espera es un ejemplo evidente. Si en diciembre del 2012 eran 70.814 personas, ahora ya son 79.376 las que “desesperan” para ser operadas. En el caso de la cirugía cardíaca ha habido un aumento del 31% respecto al año pasado.

Cada día nos despertamos desde hace unos años con noticias nefastas en este sector: cierres de centros sanitarios para las noches, cierre de salas de operaciones de hospitales, aumento de las listas de espera, propuesta de copagos de medicamentos, malversación de fondos públicos a cargo de directivos de la sanidad, empeoramiento flagrante de las condiciones laborales de los trabajadores sanitarios, despidos, aumentos de la jornada laboral…

Se han filtrado informes encargados a empresas consultoras para ver cómo poder desmenuzar el Instituto Catalán de Salud. Desde junio de 2010 hasta el 2013 hay que decir que se han perdido más de 5.000 puestos de trabajo. Esto es una hemorragia de unas consecuencias increíbles.

Están vendiendo a precio de saldo algunos servicios y centros a empresas privadas a través de diversas maniobras más o menos opacas. Aparte de esto, los múltiples casos de corrupción o prevaricación y fraude en Cataluña en procesos de subcontratación y privatización son clamorosos y han salido en algunos medios. Algunos han sido denunciados por la revista Café amb llet o en el periódico El País, o por sindicatos combativos como CATAC- CTS de la IAC y con consecuencias judiciales en algunos casos.

Para muchas empresas privadas el sector sanitario es un pastel que con el gobierno de Artur Mas y del ex miembro de la patronal Boi Ruiz podrán degustar a placer. Es curioso como siendo muy impopular este consejero lo han mantenido en el cargo. Recuerdo que hizo unas declaraciones donde decía “que la salud es un bien privado que depende de uno mismo y no del Estado”. Unas declaraciones que tuvieron un gran rechazo, incluso de Amnistía Internacional. El trabajo sucio lo está haciendo a la perfección. Muy probablemente este ex representante de la patronal sanitaria cuando retorne a la privada tendrá el camino bien allanado. Y lo que no deja de ser preocupante es como algunos partidos no están oponiendo resistencia a todo esto y en la comisión anticorrupción sanitaria del parlamento de Catalunya jugaron un papel deplorable y cómplice.

Podríamos continuar explicando cómo se ha ido deteriorando la sanidad pública pero sería bastante deprimente. Me gustaría señalar algunas buenas noticias: es importante la detención judicial de la privatización de los hospitales de Madrid pues esto ha sido un duro golpe para los intereses de la patronal.

También hay algunos lugares donde se han detenido algunos procesos de cierre o de reducción de servicios para la lucha unitaria, combativa y resistente como las que han hecho los / las vecinos / as del CAP de Bellvitge, en Sabadell o el caso de la Hospital de Viladecans y de otras luchas ejemplares. No hace falta decir que el ejemplo de las luchas de las mareas blancas de Madrid contra las privatizaciones de los hospitales nos han dejado boquiabiertos a Cataluña y con una sana envidia.

En octubre de 2013 había ya 3 millones de personas que vivían con menos de 300 euros en el Reino de España. ¿Crees que esta gente y sus familias pueden hacer una vida saludable en condiciones?

Las clases sociales más bajas tienen menor esperanza de vida, peor calidad de vida y dificultades a la hora de acceder a hábitos de vida saludable (buena alimentación o zonas verdes o centros deportivos…). Las mujeres tienen también peor estado de salud a pesar de una esperanza de vida más elevada que los hombres.

También quiero decir que por supuesto disponer de servicios sanitarios públicos es fundamental para las personas para disfrutar de un buen nivel de salud. Los países que tienen que pagar por los servicios sanitarios tienen unos indicadores peores de salud. El nacimiento de los sistemas sanitarios europeos tuvieron una componente social, la salud se configuró como un bien público y no como una mercancía que es lo que ahora quieren hacer. La atención sanitaria, pública y universal es uno de los derechos ciudadanos en pie de igualdad con otros derechos importantes como la enseñanza o la jubilación ganados con luchas y con conflictos entre clases sociales muy serios. Se trata de un derecho que a la vez está asociado a una menor mortalidad y morbilidad y contribuye a reducir las desigualdades sociales según la clase social, el género o etnia.

¿Cuál era el estado de la sanidad pública antes de los recortes?

En general el sistema sanitario público ha sido valorado hasta hace poco como muy superior en las dimensiones clínico- asistenciales, exceptuando aspectos de confort, hoteleros y tiempo de espera para situaciones no graves donde ganaba el sistema privado.

Sin embargo había muchos aspectos a mejorar antes de los recortes. Por ejemplo: había una tendencia a la medicalización de la salud con todo lo que supone de una concepción que supone que por cada problemática social o sufrimiento hay un fármaco que lo cura. Hay que avanzar mucho en la prevención e integrar la atención en la salud de los aspectos psicológicos y sociales, aparte de los puramente biológicos. Antes de los recortes tampoco se hacía mucho hincapié en una atención sanitaria que trabajara por la equidad en la salud y que contemplara seriamente los determinantes sociales de la salud para avanzar a una sociedad más equitativa y justa. Una sociedad donde tiene tasas de desempleo elevadas y donde hay millones de personas que viven en la pobreza es una sociedad enferma y desigual que atenta contra la salud pública.

Por otra parte hay que poner la salud en todas las políticas, y esto quiere decir que si una política afecta negativamente a la salud o incrementa las desigualdades hay que rechazarla e impulsar otras. La salud, recuerdo una vez más, no es sólo el sistema sanitario.

Quiero también hacer mención a una de las críticas más habituales del primer gobierno Mas a los anteriores gestores del gobierno de izquierdas tripartito. Se atribuyó la culpa al tripartito por la mala gestión presupuestaria y así justificar los recortes sanitarios. La realidad no avala por completo estos hechos. El gobierno del tripartito del 2004 al 2007 por lo que se puede demostrar se encontró apenas con un 28% de su presupuesto inicial comprometido de entrada en el gasto que se había incurrido en el año 2003 (1.981 millones) y aún así consiguió disminuir el déficit totalmente hasta 2009. Y en 2010 pese a que es verdad que dejó un déficit de 850 millones no llegó a la mitad del que le dejó CiU al tripartito. Y como ya es sabido, la defensa del déficit cero o superávit se basa en planteamientos que no entran en colisión con la evidencia empírica que afirma que ciertas dosis de deuda son favorables y necesarias para el crecimiento económico. Hay premios nobel de economía que hablan de que se pueden soportar umbrales del 80-90% con respecto al PIB.

En Cataluña llevábamos ya más de 20 años desde la Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña (LOSC) con un sistema de contrataciones y subcontrataciones donde estilan más los favores y el clientelismo que a un estado de derecho o a un mercado mínimamente regulado. Aquí han funcionado las relaciones de afinidades personales y políticas. Hay una gran confusión de un modelo donde se ocultan los intereses particulares y de los poderes económicos y donde se dificulta mucho una atención integral e integrada del sistema sanitario. Por otro lado la concepción neoliberal se ha ido imponiendo desde hace años y ha considerado que las reglas del mercado contribuyen mejor a la eficiencia en el sector de la salud.

La sanidad pública tenía algunas carencias que nadie puede negar pero hay que recordar que estaba menos dotada económicamente que en otros países y los resultados eran óptimos en muchas áreas.

Lo que si pone de manifiesto la evidencia científica es que cualquier movimiento hacia el sector privado fomentará las desigualdades en salud. Y esto desgraciadamente es lo que se está haciendo de varias formas: en la dimensión de la financiación (menor contribución pública absoluta y relativa respecto al total del gasto sanitario, modalidad de copago, reducción de prestaciones y coberturas públicas…), en la dimensión de la provisión (quién es el titular), del aseguramiento (favorecimiento como hemos dicho más arriba del aseguramiento privado), de la gestión, de la dirección, etc.

Las clases sociales altas tienen más proporción de cobertura sanitaria complementaria, muy superior a las clases más bajas. Las clases bajas usan más atención primaria y servicios de urgencia y en cambio las más altas usan más especialistas.

Los recortes son contrarios a la equidad en salud por su carácter lineal y a veces regresivo. Se recortan aquellas partidas que tienen una gran contribución a la reducción de las desigualdades en salud y las que usa más la población como el caso de la Atención Primaria.

Trabajas en el sector de la salud mental, ¿qué es exactamente este sector?

Yo trabajo desde hace 15 años en una fundación no lucrativa que se dirige a la rehabilitación de personas que tienen trastornos mentales severos. Soy Trabajador social y técnico de inserción laboral. Tenemos varios recursos y servicios (de rehabilitación comunitaria, prelaboral, servicio dirigido a jóvenes, servicio de inserción laboral, pisos asistidos, de ocio, una empresa de inserción, etc.) dirigidos uno de los grupos más vulnerables e históricamente excluidos socialmente. La rehabilitación que realizamos forma parte de la atención sanitaria terciaria.

El campo de la salud mental ha sido siempre la hermana pobre de la sanidad. Esta población estaba maltratada en manicomios donde quien decidía las necesidades de estas personas eran única y exclusivamente las instituciones. Después vinieron las reformas psiquiátricas de los setenta y ochenta que se hicieron mediante las luchas de pacientes, familiares y profesionales y que pusieron de manifiesto que el medio más adecuado para el tratamiento y la recuperación de estas personas se producía en la misma comunidad y no encerrados y segregados.

El desarrollo de servicios públicos para este grupo ha sido tardío e incompleto. Y justo ahora nos encontramos en medio de unos recortes que agudizan y consolidan esta situación de falta de desarrollo de servicios necesarios para esta población: creación de vivienda, recursos socio laborales, empresas sociales para dar oportunidades a estas personas, etc. Hay quien habla ya de una involución en toda regla y que volveremos a ver próximamente defensores y partidarios otra vez de los manicomios.

¿Cómo está afectando la crisis a la salud mental?

Está afectando de muchas maneras: en primer lugar de forma directa ya sea por perder la vivienda o el empleo, en segundo lugar de forma diferida afectará en los próximos años a una parte de la población que ahora se encuentra en el paro o tiene un empleo precario o vive en una situación de pobreza y los efectos aún tardarán unos años en materializarse, en tercer lugar concretamente en la gente que ya padece de trastornos mentales y sus opciones de integración social y laboral han quedado muy reducidas y en cuarto lugar por los recortes presupuestarios de los servicios de la red de salud mental y la suspensión y recortes de recursos muy necesarios.

La afectación en la salud mental debido a la crisis y el aumento del paro, la desprotección social, la falta de vivienda, el aumento descomunal de la pobreza… será prolongada y tendrá varios efectos. Unos más directos y otros diferidos. Los más directos los podemos encontrar en los mismos suicidios provocados por situaciones desesperantes de desahucios.  También y sin ser tan trágico en el aumento considerable de las visitas a los centros de atención primaria, como han documentado algunos investigadores que en un estudio realizado en centros de atención primaria en el Reino de España identificaron que las personas atendidas por trastornos por depresión y ansiedad habían aumentado respecto a 2006. Concretamente, en cuanto a la depresión mayor la prevalencia era en 2006 del 28,9% y en el 2010 aumentó al 47,5%. El trastorno de ansiedad ha pasado en los mismos años del 11,7% al 19,6%. Y en cuanto al abuso de alcohol del 1,41% al 6,16%. Son datos significativos y que creo que están muy ligados a situaciones sociales como quedarse en el paro, la inseguridad laboral, perder la vivienda… situaciones que provocan un estrés sostenido y que si se hace crónico a la larga pueden provocar aparición de trastornos mentales. Unos trastornos que en muchos casos, si estas personas lograran de nuevo un empleo o recuperar la vivienda, en buena parte remitirían.

Por otra parte ¿alguien puede aún creer que a algunos de los 2,95 millones de parados que llevan más de un año en el paro no les pasará factura a su salud mental? Hay que tener en cuenta también que la protección social y la cobertura económica de este país es bajísima por no decir miserable. Y ¿qué me dices de los 3 millones de personas que recordabas que cobran unos 300 euros? La pobreza permanente está directamente ligada a problemas de salud mental. En Cataluña hemos pasado a tener una tasa de pobreza de más de un 26% con datos de 2011. También han aumentado considerablemente lo que conocemos por “trabajadores pobres”, gente que incluso con un empleo está por debajo del umbral de la pobreza. Esto mucho me temo que en los próximos años tendrá graves consecuencias entre la salud mental de la población. Estos serían los efectos para los próximos años o más diferidos…

El problema ya es conocido desde hace tiempo. Formar parte de una clase social u otra también implica tener mejor o peor salud mental. En la encuesta de salud de Madrid de 2005 (antes por tanto de la gran crisis) la clase de propietarios presentaba una salud mental bastante mejor que la gente sin contrato, amas de casa e inmigrantes sin papeles.

La misma Comisión sobre determinantes sociales de la salud de la OMS en su informe del año 2008 detalló que algunos de los factores de riesgo como estar en paro, inseguridad alimentaria, tener bajos ingresos, etc. tenían un nivel de evidencia fuerte o muy convincente de poder llegar a cursar una depresión.

Entre la gente parada se ha cuantificado en un 34% el promedio de personas con problemas psicológicos y entre los que trabajan es de un 16%.

Incluso por el tipo de contrato se ha podido observar diferencias en la salud mental de las personas. Existe evidencia que la gente sin contrato presenta unos índices de mala salud mental que triplica a los contratos indefinidos.

Otro afectación de la crisis sería entre el grupo de población que tiene graves problemas de salud mental y adicciones que en los últimos años ha visto como algunos de los recursos que había se han ido reduciendo o ni siquiera se han llegado a crear. Si por alguna gente que está muy preparada y cualificada encontrar trabajo ya es difícil puedes imaginar cómo debe ser para personas que necesitan apoyo y respaldo en todas las fases de la inserción laboral: formarse, buscar trabajo, encontrarla y mantenerla, etc. Las oportunidades son muy escasas para estas personas. Ya lo eran incluso antes de la crisis… Piensa que entre el gran grupo de personas con alguna discapacidad (física, psíquica, sensorial, mental…), las personas afectadas de trastornos mentales severos son el grupo más estigmatizado y el que más dificultades tiene para conseguir encontrar empleo como reconoce la OMS.

¿Ha aumentado el número de suicidios como consecuencia de la crisis?

La relación de los suicidios y las crisis es conocida. Hay varios estudios que lo corroboran. Citaré algunos: se hizo un estudio en American Journal Public Health en el año 2011 donde se estudiaba la relación entre ciclos económico y suicidios en EEUU entre los años 1928 hasta 2007 y cuando ha habido alguna recesión económica la tasa de suicidios ha aumentado 11 veces y sólo se ha dado la circunstancia de que ha bajado en 2 ocasiones. Y en periodos de expansión económica en cambio las tasas sólo han aumentado 3 veces y ha bajado en 10 ocasiones.

También en la crisis asiática de finales de los noventa las tasas de suicidio entre los hombres aumentaron un 39% en Japón, un 44% en Hong Kong y un 45% en la República de Corea.

En un estudio realizado hace poco en 54 países europeos y americanos se ha estimado un exceso de muertes por suicidio también desde la crisis del 2008. Sobre todo entre hombres y en países que tienen altas tasas de paro. En Europa se ha dado más entre jóvenes de 15 a 24 años y en los países del continente americano entre hombres de 45 a 64 años.

Concretamente con respecto al Reino de España algunos autores no se ponen de acuerdo y no quiero ser yo quien pontifique sobre el tema y diga si hay un aumento claro por la crisis, pero los casos de los suicidios por desahucios en el Reino han sido manifiestos y nadie lo puede obviar. Necesitamos tener cifras mucho más claras y seguramente hay un problema en la recogida de datos pues no se investiga las causas propiamente de los suicidios. Los médicos forenses no investigan entre la familia o los vecinos las verdaderas motivaciones del suicidio. Se certifica la muerte y como se ha producido: si por defenestración, ahogamiento, etc. Esto no facilita saber si se ha suicidado por motivos relacionados con la crisis o no. En cualquier caso lo que es cierto es que si ha habido bastantes suicidios relacionados con quedarse sin vivienda o sin empleo.

En países de nuestro entorno cercano como Grecia el tema es terrible. La tasa de suicidios según un estudio en The Lancet pasó en poco tiempo del 2,8% al 6% para 100.000 habitantes. Según esta revista Grecia es un territorio donde las desigualdades se han incrementado hasta la tragedia.

Algunos autores como Stuckler y Basu han estudiado la relación entre protección social y suicidios y encontraron ejemplos muy evidentes de cómo países como Suecia o Finlandia durante los 80 y 90 sufrieron importantes recesiones en diferentes momentos, pero no se produjo un aumento significativo en el número suicidios pese a que hubo aumentos importantes del paro. Fundamentalmente por la cobertura social que aplicaron los gobiernos. Estos autores encontraron en su investigación que las personas que están en paro tienen el doble de probabilidades de poner fin a sus vidas que las que tienen trabajo.

Desde el siglo XIX es conocido que las recesiones y el desempleo están ligados a un riesgo marcado de suicidio. Lo que puede contribuir a evitarlos son las políticas de protección social que algunos gobiernos han seguido adelante en medio de la crisis (como el caso de Islandia) pero desgraciadamente no es nuestro caso.

Creo que vale la pena destacar aquí el gran trabajo poco reconocido que hacen en muchos ayuntamientos los profesionales de los servicios sociales que con pocos recursos están dando respuesta a esta dura realidad social. Hay una cierta tendencia a reconocer sobre todo en algunos medios a algunas organizaciones religiosas y privadas que a pesar del trabajo que hacen no son los únicos que lo realizan. También es evidente que las familias en el Reino de España hacen una función de protección y contención y contribuyen a evitar muchos desenlaces fatales. Es bien sabido que muchas familias están viviendo de la pensión de jubilación de los abuelos como principal fuente de ingresos.

Eres miembro del colectivo catalán Dempeus per la salut pública. ¿Cómo está luchando contra los recortes en la sanidad pública?

Dempeus (en pie) nació en Barcelona en un acto del Ateneo de Barcelona el 19 de febrero de 2009. Estaba lleno hasta la bandera. Eran tiempos del gobierno tripartito de izquierdas y ya se estaba atacando el sistema público de salud de muchas maneras y siempre tendente hacia los intereses corporativos y con la connivencia de políticos que no la defendían por incapacidad o por intereses opacos.

Nuestro manifiesto fundacional de 2009 recogía tres objetivos: 1) defensa del sistema público nacional de salud, con todo su carácter universal, de calidad, integral, solidario y de equidad garantizada; 2) la participación social de este sistema y su defensa junto con otras asociaciones que vienen trabajando desde hace tiempo en la defensa de su carácter público y otros grupos de ayuda, 3) abordaje interdisciplinario y de calidad de patologías no suficientemente reconocidas, enfermedades mal atendidas como las mentales, las mal llamadas “raras” o las nuevas patologías emergentes sometidas a tratos injustos para ser incorporadas dentro del sistema de atención sanitario y para una cobertura económica y social como la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga crónica.

Dempeus ha hecho un montón de actividades durante estos más de 4 años de vida: múltiples conferencias, charlas en muchos hospitales, ha impulsado una querella contra los responsables políticos de la sanidad catalana, ha participado de encierros de trabajadores y usuarios en centros de salud, ha hecho debates con asociaciones de barrios y pueblos de toda Cataluña, etc.

Dempeus no es una plataforma gremial o de intereses profesionales y está abierta a toda persona que quiere defender el derecho a una salud pública. Hay usuarias, médicas, economistas, farmacéuticos, sociólogos, vecinas, enfermos, enfermeros, etc. Se trata de gente que se preocupa por la salud y sus determinantes sociales y políticos. No sólo y estrictamente por el sistema sanitario, aunque es obvio que ahora lo estamos defendiendo con uñas y dientes.

(Una versión más reducida de esta entrevista fue publicada en la revista La Directa núm. 344 el pasado 8 de enero de 2014)

Sergi Raventós trabaja en una fundación de salud mental. Es miembro del colectivo de Dempeus per la salut pública y colabora habitualmente con Sin Permiso.

 Fuente: Sin Permiso

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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Una respuesta a Crisis y salud pública. Entrevista a Sergi Raventós

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