Co(re)pago


Mucho hemos hablado en este blog del copago visto como repago, en feliz expresión original de Toni Barbarà  (ver su entrada NI COPAGO, NI REPAGO. ¡ YA LO HEMOS PAGADO ! en La Ratera)…  Y así lo hicimos constar también en nuestro Manifest  fundacional.

CampanyaGallineta-repagamentActualmente el término repago ya se ha adoptado por todos y su significado es mucho más explícito que su equivalente copago, porque pagar, lo que se entiende por pagar, ya lo hemos hecho: la financiación de la sanidad procede de los descuentos de nuestra nómina, de nuestros impuestos, y ya se sabe que los grandes contribuyentes a la Hacienda Pública somos los perceptores de rentas fijas. Por ello no es extraño que los empresarios, quienes practican con gran éxito profesiones liberales, los que pueden hacer «contabilidades creativas», participar de una SICAV o frecuentar paraísos fiscales (aunque sean en Andorra o en el Passeig de Gràcia) recurran a los seguros privados porque en proporción a lo que ingresan cada mes su aportación impositiva es ridícula…  y porque creen que los suelos de mármol y el trato preferencial de la privada contribuyen a una mejor atención, aunque en la práctica, cuando se trata de algo grave acuden a la sanidad pública, como todo el mundo, en estos casos más vampirizada todavía por el sector privado, y si pueden (ellos pueden más que nadie) consiguiendo los mejores equipos de clínicos y cirujanos,  y saltándose las listas de espera como sucedió en el caso de la operación en el Hospital Clínic de Barcelona de Juan Carlos I (aunque luego durmiera en sábanas de seda de Barnaclínic).

Pues ahora el Govern Mas quiere desgravar esos seguros privados; como al parecer, al contrario de lo que se quejan, «sobra el dinero en la sanidad pública» van a «devolver» una parte a los que probablemente no han cotizado nada, o sólo una proporción minúscula de su renta y su riqueza. ¡Menuda vergüenza! Porque al mismo tiempo nos alertan que el sistema público de salud «no es sostenible». Mas-Colell responsabiliza al sistema sanitario del déficit de la Generalitat y aunque ahora no van a aplicar el copago, (tampoco podrían hacerlo porque sería necesario el acuerdo global del Consejo Territorial de Sanidad a nivel estatal) en cambio van a empezar con medidas paralelas como hacernos pagar la comida en los hospitales, el servicio de lavandería y pasarnos la factura en la sombra del hospital, aunque de momento no nos la cobren.

governMAS

Por todo lo anterior celebramos que cada vez quede más clara la postura de decir NO al copago-repago y desenmascarar las intenciones de quienes lo promueven. Y como muestra os dejamos este artículo de Rosa Solves en El País de ayer:

JusticiaCada vez que «los mercados» nos envían recado de ahorrar cunde la tremolina, y ahora le toca al gasto sanitario bajo la estúpida, injusta y perezosa idea de que en vez de administrar mejor conviene recaudar más. Por eso Europa aboga por lo fácil: el llamado copago de los servicios sanitarios por parte de la población, tesis compartida por algún Ilustre Colegio de Economistas y todas las Ilustres Patronales del Sector. No por las sociedades y asociaciones que defienden la sanidad pública, ni (de momento) por gobiernos ni oposiciones, tanto en liza electoral como fuera de ella. Porque no es equitativo, no es eficiente y no es disuasorio. Qué más argumentos en contra necesita el re-pago, que es en verdad de lo que se trata: de volver a rascarse el bolsillo al usar un servicio para el que ya hemos cotizado antes. De hecho hace tiempo que venimos co-pagando la atención dental, prótesis y medicamentos… Cierto que los baremos no parecen muy afinados, y hasta en las opiniones más progresistas se detecta malestar porque un jubilado «bien pagado» no tenga que aportar al gasto farmacéutico mientras que un parado o mileurista de menos de 65 debe desembolsar el 40% de lo prescrito (médicamente, no por propio gusto).

Para reducir gasto, algunos hospitales catalanes vieron conveniente cambiar menos a menudo las sábanas y cobrar por el agua mineral. Pero imaginen que se aprueba facturar por cada día de estancia hospitalaria, ni que sea una cantidad simbólica. Aquí muere el argumento de que hay que disuadir a los usuarios de una sobreutilización de los servicios sanitarios: ¿Qué determina si te vas o te quedas en el hospital, tu capricho o más bien un alta médica? ¿Y quién decide que tengas que ir al centro de salud cada dos por tres sólo por asuntos burocráticos, pidiendo visita para cuestiones que se podrían solucionar en el ámbito de la enfermería? Dicen que la sobrecarga de la medicina primaria se revolvería cobrando un eurito de nada; pero eso no hay quien lo crea, porque alguna gente convertiría el «óbolo» en un argumento de exigencia consumerista (quien paga, manda) y otra simplemente dejaría de acudir a la consulta. En cualquier caso, una buena atención en este primer escalón ahorrará mucho en los siguientes: menos visitas a especialista, menos pruebas, menos ingresos… Se debatió y acordó en Valencia hace poco: ir al médico es barato, pero la mala Medicina sale cara.

No es seguro que los llamamientos y campañas dirigidos a la población para que no sobreutilice los servicios vayan a dar resultados a corto plazo, pero es una de las vías irrenunciables. La otra, por supuesto, la de una mejor gestión de nuestra sanidad pública, cliente tan generosa en farmacia y tecnología. Varias comunidades transitan ya con firmeza por la vía de los génericos y la adaptación de las dosis a los tratamientos reales, con ahorros de cientos de millones. Todo menos el co(re)pago sanitario, que no es más que un impuesto a la enfermedad.

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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