El impacto de la crisis en la sanidad y la salud


Interesante y documentado artículo de Pedro Artigas en la revista Jama.

salud y crisisLa crisis económica global que estamos atravesando se expandió en 2008 desde Norteamérica al resto del mundo, aunque han sido los países ricos los que se han visto más afectados. Las consecuencias de la crisis se han ido extendiendo poco a poco a todos los ámbitos de la sociedad. No han escapado a ella los sistemas sanitarios ni la salud de las personas, sobre todo la de las más desfavorecidas.

Los factores que desencadenaron la crisis global son múltiples y complejos, si bien la gran mayoría de los analistas coincide en señalar entre ellos el incremento de las materias primas —sobre todo petróleo y alimentos—, así como la crisis de las hipotecas y créditos que experimentó Estados Unidos en el verano de 2007 y que reventó la llamada “burbuja inmobiliaria”, entendida como el incremento del precio de los inmuebles muy por encima del aumento de los precios en general. Aunque algunos países comienzan a mostrar signos de recuperación, en los últimos meses hemos sido testigos de la bancarrota de entidades fi- nancieras, aseguradoras y otras empresas de todo tipo y tamaño, y de crecientes tasas de desempleo. España entró en recesión en el cuarto trimestre de 2008 y la cifra de parados en el país ha superado los 4 millones, con una tasa de paro que se sitúa ya por encima del 20%. Al negativo panorama se suman las medidas para recortar el gasto público que aprobó el Gobierno el mes pasado, entre ellas la rebaja del 5% del salario de los funcionarios públicos, la supresión de ayudas a la maternidad y la congelación de las pensiones en 2011, demostración, sobre todo en relación con esta última medida, de que la crisis golpea con mayor fuerza en los colectivos más vulnerables.

La media del presupuesto sanitario por habitante y año en el conjunto de España se sitúa en 1.343 euros, cifra que es inferior a la de 2009 en 15,4 euros y supone una disminución del 1,13%.

Las consecuencias de la crisis abarcan todos los ámbitos. No escapan a ella los sistemas sanitarios ni la salud de las personas, sobre todo la de las más desfavorecidas. “La crisis llega cuando el compromiso en favor de la salud mundial alcanzaba las más altas cotas nunca logradas.” Estas palabras fueron pronunciadas por la directora general de la Organización Mundial de Salud (OMS), Margaret Chan, en noviembre de 2008.

Para la Dra. Chan, las predicciones sobre el impacto de la crisis sobre los países pobres y las economías emergentes eran de lo más pesimistas: “Ante la perspectiva de una recesión mundial, las presiones fiscales de los países ricos podrían recortar la asistencia oficial para el desarrollo. Peor aún es la posibilidad de una reducción de los gastos sociales (en salud, educación y protección social) que muchos países, en especial los de bajos ingresos, pueden verse obligados a llevar a cabo. En el pasado se dieron esas dos respuestas, y ambas podrían ser ahora tan devastadoras para la salud, el desarrollo, la seguridad y la prosperidad como lo fueron en el pasado”.

Lo que no se debería hacer, en opinión de la directora general de la OMS, es recortar las inversiones, sino todo lo contrario. A su juicio, aprender de los errores del pasado significa aumentar el dinero destinado a favor de la salud y del sector social. En este contexto, la Dra. Chan aboga por proteger a los pobres: “El aumento de los precios de los alimentos y los combustibles, junto con la inseguridad en el empleo, se cuentan entre los factores que aumentan las inequidades en épocas de deterioro económico”, siendo los más vulnerables los que más sufren la crisis: los pobres, los marginados, los niños, las mujeres, los discapacitados, los mayores y los afectados por enfermedades crónicas.

Valga como ejemplo el informe realizado por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/ Sida (ONUSIDA) y el Banco Mundial a partir de los datos recopilados en 71 países. El documento, presentado en julio de 2009, concluía que la crisis económica y financiera mundial amenaza los avances conseguidos en la prevención y el tratamiento del sida. “Durante las crisis anteriores —indicaba— se aprendió una lección importante: que los recortes de los gastos para el desarrollo social tienen efectos negativos a largo plazo.

Responder a las dificultades económicas reduciendo el gasto destinado a la lucha contra el VIH hará retroceder los logros más recientes y requerirá medidas para compensar esta situación que serán muy costosas a largo plazo.”

Presupuesto sanitario por habitante y añoRecursos para sanidad, en España

Sin embargo, el impacto de la crisis económica sobre la financiación de la sanidad en España muestra una tendencia media a la baja. El Dr. Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), recuerda que “la mayoría del dinero que se dedica a la sanidad lo deciden las comunidades autónomas libremente sobre la base de lo que reciben para el conjunto de sus competencias. Lo que observamos cuando se aprobaron los presupuestos para este año es que se ha producido una disminución del dinero por habitante y año que se dedica al sistema sanitario público. Además, existen grandes diferencias entre unas comunidades autónomas y otras. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid presupuestó para 2010 a la sanidad menos dinero del que destinó en 2009, mientras que en el País Vasco o Cataluña ha experimentado un incremento importante”. La media del presupuesto sanitario por habitante y año en el conjunto de España se sitúa en 1.343 euros, cifra que es inferior a la de 2009 en 15,4 euros y supone una disminución del 1,13%. Tal como explica el Dr. Sánchez Bayle, varía mucho entre comunidades autónomas, desde los 1.623 euros destinados para cada ciudadano del País Vasco hasta los 1.066 euros para cada balear. De hecho, sólo 7 de las 17 comunidades autónomas han aumentado su presupuesto sanitario per cápita para 2010 respecto al año anterior: Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Navarra y País Vasco.

La crisis y la salud

La pobreza, el paro y la pérdida de nivel socioeconómico se relacionan con un peor estado de salud. Además, a escala individual o familiar, la necesidad de gastar menos dinero da lugar a que mucha gente decida no optar por la medicina privada y ahorrarse lo que paga cada mes a aseguradoras privadas. El Dr. Joan Maria Aranalde, director gerente del EAP Sarrià y el EAP Vallplaça (Barcelona), desde su perspectiva de gestor en el ámbito de la atención primaria, explica que en el área que atienden los centros que dirige en la Ciudad Condal, alrededor de 48.000 personas, “había una amplia capa de la sociedad que tenía doble cobertura y que en estos momentos ha decidido venir a la asistencia pública. Hemos percibido un aumento del número de usuarios que acuden a las consultas de atención primaria de alrededor de un 5%”.

La OMS tiene claro que la crisis repercute en la salud mental de las poblaciones y que provocará un aumento de casos de estrés, depresión y trastornos mentales.

El Dr. Sánchez Bayle opina que la sanidad privada “es la primera a la que afectó la crisis, aunque existen niveles diferentes —matiza—. Gran parte de la sanidad privada en España vive con dinero público gracias a conciertos, derivaciones de enfermos, etc. También, por ejemplo, hay aseguradoras privadas que reciben financiación pública de MUFACE. De momento, este nivel es el que menos se ha visto afectado por la crisis. Otra parte de la sanidad privada depende de determinadas prestaciones que no son imprescindibles, y otra es la que depende de los seguros privados. Con las noticias que tenemos, parece bastante claro que todo lo que tiene que ver en la sanidad privada con la estética ha caído en picado, algo que resulta razonable cuando la gente tiene menos disponibilidad económica y debe priorizar sus necesidades. Asimismo, pienso que se está produciendo una disminución de la contratación de seguros privados”.

En cuanto al tipo de enfermedades en las que puede influir la situación económica, pueden ser de muy diverso tipo. “Entre ellas todas las relacionadas de algún modo con la pobreza o la pérdida de nivel socioeconómico —cita el Dr. Sánchez Bayle—, desde las enfermedades infecto contagiosas a la depresión. Asimismo, existe una relación que se ha demostrado en muchos estudios entre las crisis económicas y el suicidio.”

El Dr. Roger Callao, que además de experto en temas de estrés es jefe del Servicio de Drogodependencias de la Mancomunitat Penedès/Garraf, Barcelona, declara que, “no sería correcto decir que la crisis causa enfermedades específicas; lo que puede afirmarse es que el estrés provocado por la situación de angustia hace aflorar o agrava alguna enfermedad preexistente”.

El factor estrés

Este especialista puntualiza que la palabra “estrés” se utiliza con significados distintos en el ámbito de la salud y en el de la calle. “La gente usa el término para describir una situación de alta exigencia en la que la persona se siente superada —indica—. En el ámbito de la salud, el estrés está asociado a una inadaptación al cambio, a una situación inesperada e incierta. En una crisis, la incertidumbre, el no saber qué pasará, es la que provoca el estrés y lo que nos angustia.” En este contexto, el Dr. Callao apunta que, “en principio, las enfermedades que asociamos a la crisis son las relacionadas con los estados de ánimo, caso de trastornos adaptativos, que son consecuencia de atravesar una situación de cambio causante de estrés. De entrada, pensamos que son las enfermedades más habituales, pero en realidad no es cierto. El estrés provocado por una situación de cambio no afecta solamente a las enfermedades relacionadas con el estado de ánimo sino a otras muchas. Las enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, la hipertensión o la diabetes, pueden empeorar. Asimismo, el estrés provoca que nuestro sistema inmunitario esté más debilitado frente a las enfermedades infecciosas”.

La Fundación Española del Corazón coincide con las palabras del Dr. Callao. A principios de 2010 puso de manifiesto que “la actual crisis financiera ha provocado un mayor estrés entre la ciudadanía, bien por la preocupación por el fracaso de un negocio, bien por la pérdida del trabajo, lo que ha derivado también en un aumento del riesgo de infartos de miocardio en España”. Según destacó su secretario, el Dr. Alfonso Varela, “aunque todavía no hay datos que reflejen esta mayor incidencia por culpa de la crisis, la relación entre la actual situación económica, un mayor estrés laboral y un aumento significativo del riesgo de infarto es clara”.

En cualquier caso, la OMS tiene claro que la crisis repercute en la salud mental de las poblaciones y que provocará un aumento de casos de estrés, depresión y trastornos mentales. Según señaló Margaret Chan con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, “la pobreza y el estrés que la acompaña a causa del desempleo, la violencia, la exclusión social y la inseguridad constante están muy relacionadas con el origen de estos trastornos”. No obstante, en cuanto al posible abuso de sustancias derivado de la situación socioeconómica, el Dr. Roger Callao subraya que, “en nuestro ámbito, que es el de las toxicomanías, no hemos apreciado ninguna modificación en cuanto a número de pacientes ni en cuanto a gravedad de las patologías como consecuencia de la crisis”.

El estrés no afecta sólo a las enfermedades relacionadas con el estado de ánimo. Las enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, la hipertensión o la diabetes, pueden empeorar.

Sí que parece haber influido en la cantidad de incapacidades temporales. El Dr. Joan Maria Aranalde señala que, “con cada vez más frecuencia, escuchamos a enfermos que aseguran que vendrán a buscar el alta en cuanto se encuentren un poco mejor. También a personas que no pueden ser dadas de alta porque todavía siguen realmente enfermas y que se muestran preocupadas por cómo pueda ello afectar a su situación laboral. Es lógico, puesto que todo el mundo está pendiente de su puesto de trabajo. Esa preocupación, que no advertimos en tiempos de bonanza, la notamos los médicos con la crisis actual”.

Recetas para salir adelante

La OMS tiene muy claro que lo que no debe hacerse es recortar la financiación de los sistemas sanitarios. “No podemos repetir los errores cometidos en el pasado —declara la directora general de la OMS—. En estos tiempos de crisis no podemos permitirnos desaprovechar las inversiones, abandonar el impulso hacia un mayor equilibrio mundial que, estoy firmemente persuadida de ello, es un marcador de la sociedad civilizada. Por ello insto a todos los gobiernos y dirigentes mundiales a que mantengan los esfuerzos que venían desplegando para reforzar y mejorar el desempeño de sus sistemas sanitarios y proteger la salud de las poblaciones del mundo, en particular la de los más frágiles, frente a la actual crisis financiera y económica.”

El Dr. Sánchez Bayle, portavoz de la FADSP, considera que ante esta situación de crisis es urgente mejorar la eficiencia del sistema sanitario, de modo que no se gaste más dinero del necesario.

El Dr. Sánchez Bayle considera fuera de toda justificación disminuir el gasto sanitario público, tal como declara en la entrevista adjunta a este reportaje. El portavoz de la FADSP destaca, asimismo, que “se sabe desde hace tiempo que el sistema sanitario público y los sistemas de protección social tienen una gran capacidad de generar empleo. En momentos de tanto paro como ahora, son sistemas que deben reforzarse con generación de empleo”. Otra de sus recetas, “que debe hacerse, ahora y siempre, es mejorar la eficiencia del funcionamiento del sistema sanitario, de modo que no se gaste más dinero del necesario. Es el caso del gasto farmacéutico, que es inapropiadamente elevado en nuestro país, o las compras a otras empresas, tanto en el ámbito de la farmacia y de los consumibles como de la alta tecnología”.

Mayor eficiencia

“Otro tema muy importante, tal vez a medio plazo —continúa el Dr. Sánchez Bayle—, sería mejorar la eficiencia en la utilización de los recursos tecnológicos. Esto significa, en primer lugar, difundir entre los profesionales de la salud los conocimientos de la medicina basada en la evidencia respecto a la utilización racional de recursos, y en segundo, convencer al conjunto de los profesionales de la necesidad de utilizar esas guías basadas en la evidencia para utilizar de la mejor manera los recursos que tenemos. De todo ello se puede derivar una mejora importante tanto en cuanto a la eficiencia del sistema sanitario como en relación con la calidad de la atención que reciben los ciudadanos españoles.”

El Dr. Aranalde también hace hincapié en el tema de la eficiencia. “Debemos ser más eficientes y resolutivos con los recursos disponibles. Y es necesario que seamos conscientes de que en nuestra función utilizamos el dinero de todos los ciudadanos. La crisis implica cambios y lo que todos tenemos que hacer es adaptarnos, mejorar la eficiencia y el servicio, tender a la excelencia y reducir la medicalización.” Ante esta situación de crisis, según apunta el Dr. Aranalde, “parece claro que cuanto más dinero se invierta en sanidad, mejor. Sin embargo, pienso que todos —médicos, gestores y ciudadanos— debemos hacer un examen de conciencia ante una situación como ésta y ser realmente conscientes de que, aunque la salud no tiene precio, sí que tiene un coste”.

“Una crisis no es más que un cambio —concluye el Dr. Callao—. El problema de una crisis es que no sabemos adónde nos conduce ese cambio. Conocemos el punto de partida, sabemos que no funciona y la incertidumbre de cómo será el futuro nos provoca estrés. Pero incluso en épocas de crisis hay que ser optimista y pensar que la situación final será mejor que la de partida.”

MINISTERIOS DE SANIDAD Y CIENCIA, AFECTADOS POR LA CRISIS

El de Sanidad y Política Social ha sido uno de los pocos ministerios que ha visto incrementado su presupuesto para 2010, si bien su titular Trinidad Jiménez lo calificó de “austero por culpa de la actual crisis”. Para este año, el Ministerio de Sanidad y Política Social cuenta con 2.845 millones de euros, un 15,73% más de la cifra que sumaban el año pasado el antiguo Ministerio de Sanidad y Consumo y la secretaría de Estado de Política Social. Parte de esos recursos se destinan a impulsar la ley de dependencia, con 1.581 millones de euros, un 36% más que en 2009.

En el caso del Ministerio de Ciencia e Innovación, la reducción del presupuesto para este año es de un 11,2% respecto al anterior, pasando de 2.942 millones de euros a 2.613. Es decir, 329 millones menos. las políticas de I+D+i cuentan para 2010 con 7.946 millones de euros, 257 millones menos que en 2009, lo que equivale a una disminución del 3,1%. A juicio de la ministra Cristina Garmendia, “el presupuesto global se mantiene, lo que en un escenario de recorte generalizado demuestra claramente el carácter prioritario de estas actividades para el Gobierno”.


Fuente: Jama

Interesante entrevista al Dr. Marciano Sánchez Bayle también en Jama: En ningún caso la crisis justifica una disminución del gasto sanitario público

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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