El copago en la prensa de hoy


Los políticos, a través de los medios de comunicación, están lanzando «globos sonda» a la población sobre el copago Se trata de acercarlo tanto que se vea como algo inevitable. Después de las medidas de recorte tomadas en Alemania, con Inglaterra y Francia a la zga, anunciando el fin del Estado del Bienestar, después que en Luxemburgo hayan considerando insuficientes las medidas tomadas en España, exigiendo mayores sacrificios a la población (a los poderos no, por favor, esos son intocables), en plena jornada de HUELGA de los trabajadores de los servicios públicos, los primeros afectados por las medidas de recorte, en medio de este clima de indignación y desconcierto, hoy hemos contado (según Google) unas 100 notícias sobre el copago, de las que destacamos estas tres. De todos los colores.

Si queréis debatir con nosotros este tema os recordamos una vez más que este jueves 10 de junio os esperamos en la Jornada contra el copago a las 18:30 en la Escola de disseny Elisava, Rambla, 30-32. 

interterritorial_3¿De qué hablan los políticos cuando dicen ‘copago sanitario’?

Pues si sospechabas que se trataba de cobrarte… estás en lo cierto. Bajo el tecnicismo del término se esconde una fórmula simple: cobrar por algunos servicios sanitarios de forma que se evite el uso ‘abusivo’ y el coste del sistema resulte menor.

Qué.es – Agencias 8 de junio de 2010

Si hubiera que elegir una ‘joya de la corona’ en sistema de bienestar en España, probablemente, con todos sus defectos, saldría la sanidad. No obstante, al hilo de la crisis el sistema podría estar a punto de cambiar, o la menos de entrar en el debate de las medidas de ajuste.

De hecho, la misma ministra del ramo ya ha comentado sobre el debate del ‘copago sanitario’, que no es otra cosas que poner en marcha el cobro por determinados servicios a los usuarios y que se hace en algunos países euroepeos. Según Trinidad Jiménez, el Gobierno ha contemplado esta opción, de momento descartada. Y, de acuerdo con cálculos de Sanidad, si se cobraran 5 euros por las visitas al ambulatorio y 10 euros por las visitas a Urgencias, se podrían recaudar 600 millones de euros.

¿REALMENTE ES MÁS EFICIENTE?

Otras organizaciones han entrado debate. Así, la Consejería andaluza de Salud entiende que el establecimiento de un copago sanitario en la sanidad pública «no ejerce un poder disuasorio» sobre la utilización de recursos innecesarios desde el punto de vista estrictamente asistencial, a la par que «penalizaría proporcionalmente más a los grupos de población más desfavorecidos» que a las clases más pudientes, al contener «mensajes subliminales profundamente negativos que podrían entenderse que culpabilizan al paciente por tener su enfermedad y recurrir a los servicios públicos».

Según un documento interno con el que trabaja la Consejería del ramo, al que ha tenido acceso Europa Press y que es piedra angular de las tesis que esgrime en los distintos foros en contra del establecimiento de copagos sanitarios, los resultados cotidianos de países como EEUU «no sugieren que el copago ejerza gran poder disuasorio sobre la utilización de los recursos».

En lo que se refiere a la hospitalización y consumo de recursos, ya sean necesarios como banales, este informe de Salud recoge que países que aplican poderosos copagos disuasorios como Alemania o Francia «doblan, por contra, en actividad a los que no tienen este tipo de tickets».

De esta forma, entiende que son otros los elementos que inciden en el consumo de recursos y, por ende, en el gasto sanitario. Sólo así, a juicio del Gobierno andaluz, puede explicarse que el gasto sanitario público en los países sin copago «sea sistemáticamente menor» que en los que lo tienen: 6.1 en España o 6.9 en Reino Unido frente a 8.0 en Alemania u 8.7 en Francia.

Junto a todo lo esgrimido, este informe interno advierte de que el desarrollo de un sistema de copago exigiría el desarrollo de un sistema de control y gestión complejo «que implica una estructura de cobro y gestión, la cual exigirá notables inversiones y el desarrollo de toda una casuística normativa relativa a su implantación».

Fuente: Qué!


copago euros.jpgPero, ¿de qué copago hablan?  

Políticos, profesionales y empresarios piden definir el copago antes de su aplicación

El copago abarca desde tickets para reducir las visitas al médico y un canon por el menú del hospital, hasta aplicar tasas a los turistas extranjeros o a los que hagan mal uso del servicio de urgencias.

CELESTE LÓPEZ / JOSEP PLAYÀ  | Madrid / Barcelona | 08/06/2010

Cada cierto tiempo el tema del copago resurge con la fuerza del ave fénix para incorporarse a la agenda política. Al poco, sin embargo, vuelve al cajón de las propuestas a la espera de tiempos mejores… Pero las cosas han cambiado, y el debate abierto en los últimos meses tiene visos de quedarse definitivamente como respuesta a una crisis económica con consecuencias imprevisibles y amenaza directamente a la indiscutible joya de la corona española: el Sistema Nacional de Salud (SNS), cuya sostenibilidad financiera está en el aire. El problema es que después de décadas hablando de la posibilidad de establecer el copago nadie sabe muy bien de qué se está hablando.

Así lo indicaron ayer políticos, profesionales sanitarios y empresarios quienes pidieron al Gobierno que lidere el debate sobre el copago, en busca de una definición del mismo, para, a partir de ahí, posibilitar la toma de decisiones, o no. Así lo indicaron ayer Alberto Fidalgo, Julio Sánchez Fierro y Concepción Tarruella, miembros del PSOE, del PP y de CiU, respectivamente, en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados; Julio Zarzo, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen); Máximo González Jurado, presidente del Consejo General de Enfermería de España, y Margarita Alfonsel, secretaria general de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), en el transcurso del I Club de Debate de la Asociación de Informadores de Salud (Anis), España ante el reto de la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud.

Los participantes coincidieron en afirmar que el gran problema del debate sobre el copago es que, a día de hoy, nadie tiene muy claro de qué se está realmente hablando. «¿Qué es el copago?», preguntó Tarruella en un momento del debate en el que todos los participantes coincidían en la necesidad de introducir medidas de racionalización ante un sistema cada vez más insostenible. «¿De qué hablamos?, ¿del copago farmacéutico, de productos sanitarios?, ¿hablamos de establecer algún tipo de copago en el área de restauración de los hospitales, de establecer algún tipo de tasa para aquellos que hagan un mal uso del servicio de urgencias, o estamos hablando de establecer el copago para los turistas que aprovechan su estancia para hacerse un chequeo médico?, ¿cómo se aplicaría?, ¿a quiénes?». Son preguntas que no pudieron ser respondidas por ninguno de los asistentes, ni siquiera por sus propios compañeros de la Comisión de Sanidad, pese a llevar meses trabajando en la búsqueda del consenso para alcanzar el ansiado Pacto por la Sanidad.

El diputado socialista, Alberto Fidalgo, aseguró, por su parte, que a día de hoy el Ministerio de Sanidad ha rechazado el establecimiento del copago en el SNS (no así el Ministerio de Economía y Hacienda, que reconoció que se había estudiado en el Consejo de Ministros que dio luz verde al decreto de recortes), aunque también apostó por definir exactamente «qué es el copago» antes de proseguir si determinado grupo está a favor, o no, del copago.

Julio Sánchez Fierro (PP), por su parte, abogó por buscar otras fórmulas alternativas ya que cree que hay margen para implantar medidas que no afecten al bolsillo de los ciudadanos, que es el que sufraga con sus impuestos el SNS.

Esta opinión, sin embargo, no es compartida por algunos miembros de su partido. De hecho, el que fue hasta hace tres meses consejero de Sanidad de Madrid, Juan José Güemes, se mostró favorable a abrir el debate que en ese momento lideraba –y sigue haciéndolo– la consellera Marina Geli (PSC), ante la necesidad de racionalizar los recursos.

El problema de base, como explicó el doctor Zarzo, es que la sostenibilidad del sistema va más allá del copago –»¿hablamos de facturación en la sombra, de ticket moderador…?, preguntó, de nuevo sin respuesta–. A su juicio, hay que realizar un análisis «desapasionado» para establecer las bases de un nuevo SNS, igual de efectivo, pero más racional.

«Tenemos un SNS estupendo, pero no hay financiación suficiente», y en este punto, cree que el copago se terminará imponiendo, «aunque antes hay que definirlo», a la vez que se estudian otras medidas de racionalización.

El presidente del Col·legi Oficial de Metges de Barcelona, Miquel Vilardell, indicó que «antes de acometer la vía del copago deben revisarse otras cuestiones como los modelos organizativos, las guías de prácticas clínicas e incluso la propia cartera de servicios y el copago farmacéutico». Según Vilardell, «sólo si fracasan esas otras vías, se podría plantear el copago, y aun así es una medida que sólo sería viable si hubiese un consenso político que de momento no se vislumbra».

Fuente: La Vanguardia


¿Y si el ambulatorio le cobra para que no vaya?

Cobrar la comida del hospital es una posible medida para reducir los costes.- MANOLO S. URBANOEl copago de la sanidad gana fuerza para frenar la demanda más que por su impacto recaudatorio

JOSEP GARRIGA 08/06/2010

Obligar al paciente a pagar parte de los servicios médicos ha formado siempre parte del debate público, pero la crisis ha convertido esta práctica -el copago- en una de las cartas en la baraja del recorte. Cataluña ha planteado abiertamente el copago sanitario con fórmulas de progresividad, Sanidad lo ha estudiado y los expertos proponen ya soluciones concretas.

A pesar de que el copago es una palabra maldita y temida por buena parte de los políticos y los usuarios, en Europa funciona en la mayoría de países. Se paga una cantidad por las visitas al médico o por días de internamiento hospitalario. En España el debate está lanzado y entra ya en detalles: hay propuestas para cobrar por visitas o estancias hospitalarias, por aumentar el porcentaje que se paga en los fármacos o abonar, por ejemplo, la comida en hospitales. Otros plantean modular el esfuerzo en función de la renta del ciudadano o desgravar los seguros privados.

En España ya existe un régimen de cuotas para los fármacos. Los trabajadores en activo pagan el 40% de los medicamentos, los enfermos crónicos poco más de dos euros por fármaco y es gratis para los pensionistas. Los miembros de Muface (Mutua General de Funcionarios Civiles del Estado) abonan el 30%, sean activos o jubilados.

La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, admitió recientemente que lo ha manejado en el paquete de medidas para ahorrar. Según Sanidad, un pago de 5 euros por visita médica y 10 por urgencias, excluidos crónicos y pensiones mínimas, recaudaría 600 millones de euros al año. Pero por ahora, proclama el secretario general de Sanidad, José Olmos, el copago constituye una línea roja que el Gobierno no está dispuesto a cruzar.

La consejera de Salud catalana, Marina Geli, y el portavoz de Convergència i Unió en el Congreso, Josep Antoni Duran Lleida, apostaron por plantear su aplicación antes del último Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.

Los copagos tienen una función recaudatoria, son una modalidad de ingresos para sufragar la financiación de medicinas, pruebas diagnósticas o médicos especialistas, pero actúan sobre todo como elemento disuasorio y moderador de la demanda, es decir, reduciendo la frecuencia en la asistencia primaria, que en España es un 40% superior a la media de los Quince. En este caso pueden implantarse tasas fijas -un euro por visita en Francia- o variables, según la renta. «De aplicarse tendría que ser un sistema sencillo, por ejemplo con la tarjeta sanitaria, pero hay que estar alerta, a ver si toda la parafernalia que se monta cuesta al final más de lo que se pretende recaudar, porque en este país somos capaces de eso y mucho más», avisa Manel Peiró, vicedecano de la escuela de negocios Esade.

Olmos mantiene serias prevenciones sobre la medida: «No es fácil resolver las aportaciones de los ciudadanos a los servicios porque se corre el riesgo de que el ciudadano decida, por su cuenta, usar un determinado servicio en función de lo que le va a costar, porque la cantidad es una percepción individual. Y como es una decisión individual, entraña el riesgo de que se tomen decisiones equivocadas para la salud de uno mismo». Por ejemplo, no ir al médico por un mareo, aunque este pueda esconder un episodio cerebrovascular.

«Las medidas alternativas son administrativas y organizativas, como informar de lo que cuestan los servicios desde una perspectiva educativa», agrega Olmos. Y Ana Pastor, ex ministra de Sanidad del PP, añade: «Lo que hay que mejorar es la eficiencia del modelo de la prestación de servicios, por ejemplo que al paciente se le atienda en un único proceso asistencial, porque a veces para un diagnóstico hay que acudir hasta ocho veces al especialista. Y eso también reduce la hiperfrecuentación. Como también la educación sanitaria».

Paula González, profesora de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, apunta algunas posibilidades de copago en la asistencia hospitalaria para aportar fondos suplementarios al sistema porque, señala, «para mantener la sostenibilidad del sistema o se recortan prestaciones o se aumentan los ingresos. Hay que hacer un análisis de costes sobre la base de criterio-efectividad». Entre algunas propuestas, González enumera el pago de los menús en los hospitales, exceptuando los dietéticos -un informe de la Generalitat de Cataluña reivindica esta opción para las rentas altas-; cuotas por ciertos días de hospitalización -Portugal es un ejemplo- o el abono de una parte de las pruebas diagnósticas, como en Francia.

Manel Peiró y Marina Geli también proponen recuperar las desgravaciones fiscales para las personas que tengan un seguro médico privado. «Evita un gasto al servicio público y facilitaría un equilibrio, porque ahora mucha gente se da de baja por la crisis», aclara el vicedecano de Esade. Y la Fundación Rafel de Campalans, perteneciente a los socialistas catalanes, propuso vincular los copagos al impuesto sobre la renta en el tramo autonómico, ya que las comunidades tienen transferidas estas competencias, lo que simplificaría su gestión. El presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Miquel Vidardell, planteó vincular el copago farmacéutico también al nivel de renta.

Pero así, a bote pronto, ninguno de los expertos en política sanitaria en España aboga por un sistema de copago, sino que de implantarse -precisan- debería constituir una medida adicional de todo un paquete de reformas estructurales para racionalizar y asegurar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, que tanto las administraciones estatal y autonómica postergan año tras año y rehúsan afrontar por los posibles costes electorales.

«No queremos que los enfermos sean el siguiente colectivo que pague la crisis del señor Rodríguez Zapatero. La sanidad española necesita una reforma en profundidad y todavía quedan muchos espacios para ganar en eficiencia», señala Ana Pastor. «No podemos adoptar solo una medida concreta. Lo hemos hecho muy mal los últimos años y ahora la situación es dramática porque el Estado está en quiebra técnica. ¿Cómo pensamos resolverlo? ¿Como siempre o aprovecharemos esta situación para emprender reformas? No tendremos un momento más idóneo en el que la gente lo entienda», reflexiona Manel Peiró. «La situación ahora es complicada, pero no vería tan grave implantar un tique moderador. Sin embargo, lo que el sistema sanitario necesita son reformas estructurales más allá del copago», abunda Paula González. «Una idea mal aplicada, acaba siendo una mala idea: nuestro sistema puede que hoy necesite copagos del mismo modo que necesita una priorización explícita de servicios en catálogo y un selectivismo más diligente con las situaciones de injusticia social», agrega Guillem López Casasnovas, presidente de la Asociación Mundial de Economía de la Salud.

Las asociaciones para la defensa de la sanidad pública opinan que el copago «supondría un impuesto a la enfermedad y una barrera al acceso a la atención sanitaria para las personas más enfermas y con menor renta». En este sentido, José Olmos señala: «La equidad significa establecer las menores barreras de acceso posible». Paula González le rebate: «¿Por qué los pensionistas de rentas altas no pagan nada? ¿Es esto equitativo?», se pregunta.

Pero, como declara Guillem López Casasnovas, «el reto estriba en canalizar la mejor financiación pública al que sea el gasto más eficiente en términos de objetivos salud». Y concluye: «No siempre más recursos significa más salud».

Fuente: El País

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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