La increíble reforma sanitaria menguante


hightower-cartoon.gif

La «reforma sanitaria” de los Estados Unidos se está deshaciendo poco a poco, como una pastilla de jabón en una tormenta. El periodista Cokie Roberts advierte: “Ahora se habla de “dar pasos hacia la cobertura universal”, en lugar de promulgar “inmediatamente la cobertura universal.» Al parecer, la idea de conseguir un servicio universal de salud va desapareciendo de los centros de poder de la política – al tiempo que se dedica más y más atención a cuidar y alimentar la industria de los seguros.

La «reforma sanitaria» entendida como «una trayectoria hacia la cobertura universal» tiende de hecho a desaparecer en los centros reales de poder de los Estados Unidos. Un ejemplo evidente es el nuevo mensaje que emite la asociación “Organizing for America”, el proyecto del Comité Nacional Demócrata que heredó de la campaña de Obama una lista de 13 millones direcciones electrónicas. En el breve mensaje enviado se repite siete veces la frase “reforma del seguro sanitario”. Pero la diferencia entre la promesa de atención sanitaria universal y el nuevo mantra de “reforma del seguro de salud” puede asimilarse a la diferencia que Mark Twain explicó una vez que existe entre “un relámpago y una luciérnaga”. La «reforma del seguro sanitario” permite de hecho que se refuerce el enorme poder de las compañías de seguros y de las industrias farmacéutica y hospitalaria de los Estados Unidos.

El Presidente Obama dice que quiere “evitar que las compañías de seguros se desentiendan de las personas como sucedía anteriormente.» Pero no son esos los mejores argumentos para hacer frente a las compañías de seguros. Entre bastidores se está negociando y llegando a acuerdos. Por ejemplo Karen Ignagni, presidenta de America’s Health Insurance Plans«, señaló que la industria había hecho suyos muchos de los cambios propuestos por la Administración, como acabar con la práctica de denegar cobertura en base a condiciones preexistentes”. Y The New York Times, explicando la estrategia de Karen Ignagni, añadía que «en lugar de limitar las negociaciones, su estrategia consiste en impulsar cambios asumibles para las compañías de seguros, con la esperanza de dejar sin efecto las injerencias del Gobierno.»

El reportaje más importante sobre política sanitaria acaba de aparecer este agosto en Los Angeles Times bajo el título «Obama da al potente lobby farmacéutico un asiento en la mesa de la salud». Y basta con leerlo para que nos pongamos a llorar, o para que nos rechinen los dientes con ira o preocupación por las consecuencias que puede acarrear para nuestros seres queridos – o para los seres queridos de las personas que nunca conoceremos.

Durante su campaña del año pasado, Obama criticó a las grandes empresas farmacéuticas que intentaban impedir que Medicare negociara precios más bajos para los medicamentos. Pero desde las elecciones, informa Los Angeles Times «el jefe del grupo de presión de la industria» – el ex congresista Billy Tauzin – «se ha metamorfoseado en la pareja del Presidente. Ha sido invitado a la Casa Blanca una media docena de veces en los últimos meses. Y ha declarado que finalmente se ha llegado a un acuerdo que asegura que la administración no intentará anular la política que había criticado a Obama en la campaña sobre Medicare y los medicamentos. »

Pero la historia no acaba aquí, sino que empeora. Por ejemplo, «Tauzin dijo que no sólo la Casa Blanca se ha comprometido a renunciar a que Medicare negocie los precios de los medicamentos a la baja, sino que tampoco se mantendría otra propuesta que Obama apoyó durante la campaña electoral: la importación de medicamentos más baratos de Canadá o Europa

Mientras tanto, las compañías aseguradoras se relamen de gusto: se perfila en el horizonte la obligación de exigir que todos los americanos tengan un seguro sanitario – no importa cuan triste sea la calidad de la cobertura que represente, ni cuan inasequibles sean las «asequibles» primas que deba pagar la gente real en el mundo real. El seguro obligatorio implicaría «desviar miles de millones adicionales a las aseguradoras privadas, y los estadounidenses de clase media se verían obligados a contratar pólizas de estas empresas con tantos vacíos y lagunas como las que actualmente condenan a millones de pacientes asegurados a la ruina financiera», según se afirma en una carta firmada por más de 3.500 médicos a favor de un Plan Nacional de Salud y que dieron a conocer la semana pasada.

También hace unos días un titular del New York Times   daba la noticia de que se estaba creando un nuevo «consenso» y un «terreno común» en el Capitolio. De paso, el artículo mencionaba que los legisladores «se estaban poniendo de acuerdo sobre la necesidad de ofrecer subsidios federales para ayudar a que todas las personas con ingresos modestos pudieran acceder a un seguro de salud. Para la gente pobre, se ampliaría Medicaid.

Este escenario supone la expansión de los ghettos sanitarios a nivel nacional. Las tasas de reembolso de Medicaid para los proveedores de servicios médicos son tan escasas que ser «paciente Medicaid» es a menudo sinónimo de alguien que no puede encontrar personal sanitario dispuesto a atenderle.

Pero entonces, ¿qué pasa con «el plan público» que permitiría al gobierno ofrecer un servicio de salud alternativo a los seguros-mercancía de las empresas que actúan con fines de lucro? «Bajo la presión de la industria y sus grupos de interés, el plan público de salud se ha ido diluyendo hasta convertirse, si sobrevive, en una opción menor e ineficaz», declara John Geyman, profesor emérito de medicina de familia de la Universidad de Washington.

La opción del plan público «poco podría hacer para mitigar los daños de una reforma que perpetúa el papel dominante de las compañías de seguros privadas», según denuncia la carta de los 3.500 médicos. «Para que la opción pública tuviera suficiente fuerza debería contar con un 90 por ciento de los recursos públicos disponibles para sanidad. Y una opción pública más amable y suave fracasaría rápidamente en el mercado sanitario donde la competencia implica una carrera hacia un mínimo de atención, no hacia un máximo, ya que las compañías aseguradoras compiten por NO pagar la asistencia. »

Si bien los resultados de la política sanitaria parecen bastante sombríos, los supuestos imperativos políticos alientan a los líderes demócratas del Capitolio a conseguir una victoria que el Presidente Obama pueda presentar como reforma de la atención sanitaria. Analicemos esta frase de «un demócrata» publicada en la edición del 10 de agosto de la revista Time: «Se aprobará alguna legislación bajo el nombre de “reforma sanitaria”. Las consecuencias políticas de  que algo así no suceda serían demasiado importantes.»

El resultado más probable va directo a la catástrofe.

Norman Salomon

Norman Solomon, es co-presidente de la campaña nacional Healthcare NOT Warfare y autor de diversos libros, entre ellos «War Made Easy: How Presidents and Pundits Keep Spinning Us to Death.» Para más información: www.normansolomon.com

Fuente: truthout.

Traducido del inglés para Dempeus.

Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
Esta entrada fue publicada en Reforma sanitaria EEUU y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s