La peligrosa impostura nuclear


Completamos la notícia publicada este verano en un periódico japonés, sobre la falsificación de las dosis de radiación recibidas por los obreros de la central nuclear de Fukusima, con el artículo sobre La peligrosa impostura nuclear, de Jean-Jacques Delfour publicado Le Monde y traducido hoy en Rebelión.
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Los obreros de Fukushima “invitados” a falsificar sus niveles de radioactividad

Dibujo de No-río, Japon.

El periódico japonés Asahi Shimbun /1 ha revelado un increíble diálogo: el responsable de una sociedad que operaba en la central accidentada pide a los liquidadores que falsifiquen las dosis de radiación recibidas.

Un responsable de la sociedad constructora Build-Up ordenó a sus empleados cubrir con placas de plomo los aparatos que miden la radioactividad a fin de trucar las cifras que indican las dosis de radioactividad recibidas. La mayoría de los obreros aceptaron la propuesta. Tres se opusieron y fueron despedidos. Lo que presentamos a continuación es el extracto de la conversación que mantuvo uno de ellos con responsables de la empresa el 2 de diciembre de 2011 en la habitación de un hotel de Fukushima.

Responsable de Build-Up (R): Bueno, toda la gente que trabaja en la central sabe que puede acumular hasta 50 milisieverts (mSv) por año, ¿no es cierto? Esa es la cantidad para cualquier persona. Y nosotros, que trabajamos todo el año en la central, también podemos acumular 50 mSv. Salvo que, cuando estamos muy expuestos ésta cantidad se supera con facilidad. Los 50 mSv se alcanzan en tres o cuatro meses. Así pues, para poder permanecer un año en la central, tenemos que prestar atención a las dosis que sufrimos. Es por eso que tratamos de gestionar las dosis como podemos. Cómo decirlo… no es que se nos haya pedido que lo hagamos. En esta ocasión (en Fukushima Daiichi) algunas zonas son extremadamente radioactivas. No todas, sólo algunas de ellas. ¿Te acuerdas dónde estuviste al principio, eh? En algunos puntos era muy elevada. Por eso en esta ocasión nos hemos planteado hacer bien las cosas. Y vosotros habéis contestado que no estáis por la labor [de falsificar las cifras]. Es normal que al principio digáis: “no está bien hacer eso”. Lo que ocurre es que nosotros no podemos trabajar de otro modo. Es un problema de cifras: se llega volando a los 50 mSv. Y si se sobrepasa ese nivel, vamos a la calle. Para quienes tengan otro trabajo, tanto mejor; pero para nosotros, a medida que acumulamos más dosis de radioactividad más posibilidades tenemos de quedarnos sin trabajo. Sois doce trabajando en el mismo terreno y como trabajamos juntos, no podemos decir: “de acuerdo, tú vas a esta zona en la que hay menos radiación”. Ya ves cómo funciona la cosa. Si no cooperáis con el equipo… esto no funciona. Si el jefe de equipo te dice: “haz esto” y tú le respondes que no te apetece hacerlo, él te dirá que eso no es posible. Es así en todos los sitios, no sólo en las centrales. No me equivoco, ¿no?

Obrero (O): Yo creo que el trabajo en las centrales nucleares es, cuando menos, especial. Tratamos con cosas invisibles, como la radioactividad, entonces…

R: Acabo de explicarte que se trata de un trabajo en equipo. Es igual en todos los trabajos; nadie te va a decir “OK, tú haces lo te apetezca”.

O: No, nadie me dirá eso. Está claro; pero lo que se me pide aquí es hacer algo que no debería hacer…

R: Sabemos muy bien que no se debería hacer eso, pero si no lo hacemos no tendremos trabajo todo el año. Te lo acabo de explicar. Si no lo quieres hacer, no tienes por qué hacerlo.

O: Justamente, creo que se nos debería haber prevenido desde el principio sobre esta manera de funcionar, cuando fuimos contratados, y confirmar que todo el mundo estaba de acuerdo. Yo hubiera preferido trabajar con normas claras y precisas.

R: Bueno… pero en ese caso, tú deberías haber ido a buscar trabajo a otra parte. ¿Por qué venir a nuestra empresa y encima a este trabajo, cuando hay un montón de centrales nucleares por ahí? Tú no puedes tratar de modificar nuestro sistema, decir que no quieres trabajar en esta u otra zona, eso es un engorro para todo el mundo. Todo el mundo engulle radiaciones y si se alcanzan los límites no podemos continuar. Hay mucha gente que no tiene trabajo en otra parte. Estaría mejor si pudiéramos hacer algo más. Yo mismo he hablado con el presidente de la empresa para decirle que era necesario trabajar de forma diferente con los nuevos, que empezaran en otra parte para que entendieran lo que son las radiaciones. No se impone nada a nadie, todo el mundo falsifica las cifras voluntariamente. Todos los que trabajan en la central trabajan de ese modo.

O: Entiendo que usted viva de esto, que su vida depende de su trabajo. Pero existe un problema de confianza. El día que se conozca todo esto, va a generar un verdadero problema. Es por eso que yo no quiero estar en el ajo.

R: Hace cuarenta años que trabajo en este sector. Para decírtelo claro, estas son prácticas que he tenido que utilizar durante todo este tiempo para proteger mi negocio. Pero no me gusta que otros me digan que no es correcto (…) No tienes más que ir a trabajar a otra parte. No tendrías que haber venido aquí por curiosidad o por no se qué…

O: Uff… Yo no puedo ocultar este tipo de cosas. Pero se me ha contratado para un año y tenía previsto cumplir el año. Francamente, no me parece bien que se me despida porque no estoy de acuerdo con este modo de funcionar.

R: Sí, pero no te podemos ofrecer otra cosa. Todo lo que tienes que hacer es volver a tu casa y encontrar trabajo en una central térmica o en otra parte.

O: No. Habíamos acordado un contrato de un año. No tiene ningún sentido lo que me está diciendo. Lo que me está diciendo que es me vaya a casa mañana, ¿no es así?

R: Mañana pasas el control de radiaciones interno y el domingo te vas. Si quieres trabajar en el sector nuclear, búscate trabajo en otra parte, ¿de acuerdo? Hay un montón de centrales en la región. No tenías que haber comenzado aquí. Esta no es una central normal. Es un fastidio tener con nosotros a gente inexperimentada.

O: Me doy cuenta que la radiación es alta. Pero hay formas y formas de trabajar. Se podrían alternar los turnos de trabajo, etc. Es lo que hacen otras compañías.

R: Pero… vamos, no somos nosotros los que decidimos eso.

O: ¿Cree usted que es la única manera de proteger el negocio?

R: Si. Lo que tienes que hacer tú es trabajar donde no haya radiaciones.

O: De acuerdo. Maña iré a Tokyo Energy & Systems (la sociedad que subcontrató Build-Up). Voy a reclamarles directamente

R: ¿Qué piensas de nosotros?

O: Me da igual. Estoy cansado de esta situación

R: Porque tenías un contrato por un año… tú..

O: ¡Exactamente!

R: Así que, porque no te permitimos terminar el año, vas a ir a contarles la historia, ¿es eso lo que estás diciendo?

O: Yo hago lo que quiero. Lo que usted me dice no tiene ningún sentido. Usted falsifica los datos con sus panchas de plomo. ¡No es normal! ¡Me importa un bledo! No tengo nada que perder. Esto es el fin para Build-Up. No podrá continuar con sus actividades.

R: ¿Qué es lo que quieres, cobrar el último mes? Si es eso, ¿por qué no me lo has dicho antes? Voy a plantearlo a mis superiores..

Un sólo responsable de la falsificación

“Sólo pretendía aminorar el miedo de los nuevos obreros, que se asustan con facilidad al escuchar las señales de alarma que lanza el dosímetro” Es lo que ha contado a la prensa japonesa el responsable de Build-up que exigió a los trabajadores cubrir el dosímetro con una placa de plomo, tras las revelaciones del periódico Asahi Shinbum. Si bien ha admitido los hechos, ha negado que esta práctica sea habitual. Según él, la responsabilidad de la falsificación es sólo suya y el equipo sólo dispuso de las placas una sola vez durante treinta o cuarenta minutos. Sin embargo sus declaraciones no se corresponden con la conversación grabada por los obreros. Build-up es una subcontrata de la empresa Tokyo Energy & Systems que, a su vez, pertenece al grupo Tokyo Electric Power, la compañía que gestionaba Fukushima Daiichi.

21/07/2012

http://www.courrierinternational.co…

1/Asahi Shinbun, es uno de los periódicos más importantes de Japón, segundo en circulación de japon y del mundo (alrededor de 7.903.473 ejemplares diarios según la World Association of Newpapers en el 2010) detrás del Yomiuri Shimbun.

Traducción: VIENTOSUR


Los ingenieros han concebido y fabricado una maquinaria que son incapaces de manejar en caso de accidente grave

La peligrosa impostura nuclear

(Traducido del francés para Rebelión por Carmen García Flores)

La información empieza a salir a la luz: en la central nuclear de Fukushima, la piscina del reactor 4, llena de centenares de toneladas de combustibles muy radioactivos, encaramada a 30 metros sobre un edificio en ruinas, provista de un improvisado circuito de enfriamiento, amenaza a la humanidad con una catástrofe peor aún que la de Chernóbil. Una catástrofe que se añade a la de marzo de 2011 en Fukushima: 3 reactores abiertos que vierten su contenido mortal por tierra, mar y aire.Los ingenieros de la nuclear no saben qué hacer frente a todos estos problemas. Han clamado tanto que la seguridad en la nuclear era, es y será total que, cuando la gran catástrofe ha sucedido, nadie tenía una solución que proponer. Tal es la aterradora realidad que revela Fukushima. A Chernóbil se le había atribuido la incompetencia técnica de los soviéticos. Imposible servirse de nuevo de la misma fábula política.

Si usamos su razonamiento, no queda más que una sola conclusión: la incompetencia de los ingenieros de la nuclear. En caso de avería del circuito de refrigeración, si el calentamiento del reactor alcanza un umbral de no retorno, escapa del control y origina un magma fusionando radionucleidos de metal fundido y de cemento disuelto muy tóxico e incontrolable.

La verdad, planteada por Three Miles Island, Chernóbil y Fukushima, es que una vez que el umbral ha sido superado, los ingenieros son incapaces. Ellos han concebido y fabricado una máquina nuclear pero ignoran qué hacer en caso de accidente grave, es decir “fuera de su alcance”. Son unos presuntuosos ignorantes, fingen saber pero no saben. Los petroleros saben apagar un pozo de petróleo encendido, los mineros saben buscar a sus compañeros atrapados en un túnel a centenares de metros bajo tierra. Ellos no, porque ellos han decretado que no habría jamás accidentes graves.

En su dominio, ellos son más incompetentes que los obreros de un garaje. Si es necesario cambiar el cilindro de un motor, estos obreros saben cómo hacerlo: la tecnología existe. Si la cuba de un reactor nuclear se abre y si el combustible sale al exterior, los “nuclearistas” no saben qué hay que hacer. Se objetará que una central nuclear es más compleja que un coche. Cierto, pero es también más peligrosa. Los ingenieros de las nucleares deberían ser al menos tan competentes en su propio dominio como los que se ocupan de la reparación de los motores de los coches averiados: este no es el caso.

Aquí el hecho fundamental es alarmante e incuestionable: las radionucleares sobrepasan las capacidades tecnocientíficas de los mejores ingenieros del mundo. Su maestría es parcial y se vuelve nula en caso de accidente fuera de su alcance, allí donde se espera una mayor competencia: tal es la realidad, la incuestionable realidad. Como si los ingenieros y los especialistas fuesen un adivino con su bola de cristal. ¿La contaminación nuclear? Sin peligro, afirman, cuando no saben nada. ¿El estado del reactor destruido bajo el sarcófago de Chernóbil? Estabilizado, claman los que no saben nada. ¿La polución nuclear en el Océano Pacífico? Diluida, sostienen los que no saben nada.

¿Los efectos de los radionucleidos diseminados por el medio ambiente para las futuras generaciones? Ninguno, claman los que no saben nada. ¿El estado de las regiones prohibidas alrededor de Chernóbil y Fukushima? En absoluto nocivas para la salud, tanto hoy como en decenios, proclaman los que no saben nada. ¿Para quién serán nocivas las radiaciones? Solamente para los tristes, adelantan los que no saben nada. Son adivinos. El arte de las nucleares es el arte de la adivinación. Es decir, un engaño.

Las nucleares, que se anuncian como lo más puntero del saber tecnocientífico, ahora se presentan como una suerte de religión del saber absoluto, se revelan con una extremada flaqueza, no por la debilidad humana sino por la falta del saber tecnocientífico. Cualquiera que sea la causa contingente de la superación del umbral de no-retorno (atentado terrorista, inundación, seísmo), la incapacidad de reparar y de controlar la diseminación de radionucleidos manifiesta una laguna en el saber que amenaza la evidencia de la propia modernidad. Los modernos pretendían haber roto con los conductos mágicos. La nuclear es la experiencia de una brutal herida narcisista en la armadura del saber con la que se cubre el hombre moderno: un sufrimiento aún mayor porque es su propia invención quien lo coloca en un lugar de vulnerabilidad máxima.

En efecto, el rechazo de considerar la posibilidad real de un accidente no previsto, tiene como consecuencia la negligencia práctica y la indisponibilidad de poner los medios técnicos adecuados para estas situaciones imprevistas. Estos medios no existen, y nadie sabe si se pueden fabricar. Quizá un reactor “excursionista” sea incontrolable o irrecuperable.

Yo no lo sé, y ningún “nuclearista” lo sabe; pero es seguro que nadie lo sabrá jamás si no se intentan fabricar los instrumentos técnicos. Ahora bien, la afirmación de la infalibilidad impide su concepción. Sin duda abrir esta leonera implicará reconocer una peligrosidad hasta ahora acallada y programar costes adicionales para evitarla. La infalibilidad de los papas de la nuclear tiene muchas ventajas: apagar las conciencias e incrementar los beneficios, al menos mientras todo vaya bien; el mayor inconveniente es el de no exponer ningún recurso a estos riesgos extremos.

Todo saber científico o tecnológico es por definición incompleto y susceptible de modificación. Afirmar la infalibilidad de un saber tecnocientífico o comportarse como si esta infalibilidad fuera adquirida, es ignorar la naturaleza del saber y confundirlo con una religión secular que destierra la duda y niega el fracaso. De ahí el efecto psicótico de sus discursos (infalibles y ciertos) y sus prácticas (chapuceras y falsas). A todo observador le afecta esta contradicción y más aún su negación. Cada uno es conminado, por un lado, a reconocerles una ciencia y una técnica consumadas y, por otro, a callar a pesar de la constatación de su fracaso. En resumen, lo nuclear vuelve loco. Pero esto no es más que un aspecto de nuestra condición nuclear. Contaminados de todos los países, ¡uníos!

Jean-Jacques Delfour es profesor de filosofía en CPGE y antiguo alumno del ENS de Saint Cloud.

Fuente: http://www.lemonde.fr/idees/article/2012/09/07/la-dangereuse-imposture-nucleaire_1757119_3232.html

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Acerca de Dempeus per la salut pública

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