El suicidio ya es la primera causa de muerte violenta en España


La crisis económica española (la gran estafa de la desigualdad) aumenta y agrava la incidencia de las enfermedades mentales y provoca el aumento de suicidios. Ahora, el suicidio ya es la primera causa de muerte violenta en España.

Recuperamos el reportaje sobre el suicidio en España, emitido en el Telediario de la 1ª cadena de Televisión Española el domingo 22 de enero de 2012, a las 15 horas. Alejandro Rocamora, psiquiatra y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza, y Teresa Lago, psicóloga y coordinadora de voluntarios del Teléfono de la Esperanza de Madrid, dan su opinión profesional.

Ya Sergi Raventós había advertido el pasado mes de junio (ver en Dempeus toda la entrevista) que la tasa de suicidios había aumentado en toda la Unión Europea a raíz de la crisis. Y señalaba que algunos gestores políticos de la crisis eran, en gran medida, los responsables.

Ahora la periodista Inés Benítez añade más datos en Iberarte. Reproduce las declaraciones de un miembro de la policía científica de Málaga en base a sucesos reales, y concluye que el suicidio ya es la primera causa de muerte violenta en España, superando los accidentes de tránsito. Aunque las  cifras de suicidios no suelen hacerse públicas, en “el 2007, los fallecidos por suicidio fueron 3.263, de los que 2.463 eran hombres y 800 mujeres, indica el informe de defunciones según causa de muerte del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los años subsiguientes hubo algunas oscilaciones: 3.457 en 2008; 3.429 en 2009 y 3.158 en 2010.” Desde diciembre de 2011 hasta marzo o abril de 2012 ha crecido el número de suicidios, y todos los indicios solventes los vinculan a problemas económicos. (Daban en El Plural  la cidra de 4.500 suicidios en el 2011.)

La prensa, sin embargo, no refleja las consecuencias letales de esta crisis-estafa, aunque alguna iniciativa ciudadana defiende “tuderechoasaber”   (y pregunta al Ministerio de Interior que al parecer carece de los datos demandados).   “En el 95 por ciento de los casos no acuden periodistas al lugar del suicidio, que sí están presentes en homicidios o accidentes”, contó el policía malagueño. El argumento que se da es el de no alentar el “efecto contagio”, pero Sergi Raventós, en sus declaraciones, se mostraba más contundente:”…hay una creencia incrustada que ofrecer datos de suicidio estimula al suicidio. Creo que no es muy robusta, y en países de tradición católica tiene un gran componente religioso de hace siglos y de estigma de la familia del suicida…”

Estigmatizar a los causantes de la crisis, no a sus víctimas

El hecho de invisibilizar los suicidios por miedo al estigma personal y familiar evita que se extienda a los responsables del paro o de las pérdidas de hogares y pequeños negocios… Y aunque algunos periodistas opinen que no informar de los suicidios forma parte “de un código ético no escrito” , están contribuyendo de hecho con su silencio a ocultar el alcance del drama social y económico y sus irreparables efectos consecuencias.

La psiquiatra Concha López opinó que “La crisis y los problemas económicos son una razón más que se añade, pero no la única”. Sin embargo, no puede disimular que la crisis es un factor cada vez más poderoso para el suicidio. El desempleo afecta a 24,6 por ciento de la población económicamente activa de este país y hay 1,5 millones de familias que tienen a todos sus miembros sin trabajo, según el INE, en un país de 47 millones de habitantes. Además, la población soporta sucesivos recortes en servicios básicos de salud y educación  para que el gobierno de PP consiga  que el déficit del presupuesto del Estado se reduzca al 6,3 por ciento a fines de año, y cumplir así el inapelable (y absurdo, y mortal) compromiso adquirido con la Comisión Europea.

Pero por la consulta de la psiquiatra López pasan cada vez más hombres y mujeres con cuadros depresivos por haber perdido el empleo; o trabajadores que han visto deteriorada su situación laboral y soportan grandes dificultades para mantener su puesto a toda costa. Estos pacientes sufren “tristeza, insomnio, ansiedad, ataques de pánico, sentimiento de culpa, y tienen ideas de suicidio”, contó la especialista.

“En Málaga, cada día ingresan en urgencias hospitalarias dos o tres personas que han tratado de suicidarse”, destacó López, que lleva ocho años en la Unidad de Salud Mental Comunitaria de la localidad malagueña de Fuengirola. Más de 50 por ciento de los jóvenes españoles no tienen empleo y, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), uno de cada cuatro niños es pobre. La brecha de ingresos que separa a ricos y pobres aumentó en España más que en ningún otro de los 27 países de la Unión Europea, según el informe “Exclusión y desarrollo social – Análisis y perspectivas 2012″, publicado por la organización católica Cáritas en febrero, que cifra la pobreza en 21,8 por ciento de la población.

También el médico y diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, alertó ya el pasado mes de febrero ante el Congreso legislativo sobre el “rebrote” de suicidios y consideró que “no hay otro factor más que la crisis para explicarlos”. Los que acaban con su vida son “trabajadores desesperados por falta de cobertura social”, opinó. En un recorrido por varias farmacias malagueñas, Tierramérica constató que la demanda de fármacos para tratar la depresión viene en alza. “La venta de antidepresivos ha aumentado alrededor de 10 por ciento”, dijo la encargada de una farmacia que lleva una década en la profesión. “Se ha notado mucho. Llegan más personas con la receta del médico para comprar psicofármacos”, aseguró una joven farmacéutica en otra droguería en la que trabaja desde hace año y medio.

España no está sola en esta epidemia de desesperanza.

En Italia, la crisis financiera y económica ha contribuido a elevar las tasas de suicidio e intentos de suicidio, según el artículo “Excess Suicides and Attempted Suicides in Italy Attributable to the Great Recession”, que publicó en agosto la revista científica Journal of Epidemiology & Community Health. El artículo cita una movilización de las “viudas de la crisis” en la norteña ciudad de Bologna, esposas de un centenar de empresarios, artesanos y trabajadores que se quitaron la vida agobiados por quiebras y deudas que no podían afrontar.

También Grecia, que siempre tuvo una tasa de suicidios muy baja comparada con la media de Europa, ha visto dispararse los casos de personas que se matan por causas relacionadas con la crisis, a pesar de que incluso el FMI, experto en fingimientos, se declaró “profundamente triste” por el suicidio de un jubilado griego en la plaza Sintagma de Atenas por motivos económicos. Y expresó sus condolencias.

El suicidio es también un acto político desesperado

Así lo declaró la hija del farmacéutico jubilado, Emmi Jristula, afirmando que el suicidio de su padre fue un acto político: “Durante toda su vida ha sido un militante de la izquierda, un visionario desinteresado”. Con estas palabras,  Emmi Jristula lanzaba el estigma a la cara de los responsables de las políticas privatizadoras que ahogan la población griega. Y añadió: “El acto de su suicidio de mi padre es un acto político consciente, coherente con lo que creyó e hizo durante toda su vida”.

Un acto político, y un acto de denuncia de unas políticas de “austeridad” que esconden una ideología profundamente reaccionaria y que implican, cada vez más, desolación, represión y muerte.

Fuente: Punts de Vista

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Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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