Sidney Altman: Los ciudadanos debemos evitar que nuestra salud dependa de los beneficios que vaya a dar un fármaco


Entrevista a Sidney Altman, premio Nobel de Química, que colabora con la Universitat Rovira i Virgili.

“Investigar sólo para ganar el Nobel es de idiotas”

Tengo 73 años: ojalá haya aprendido algo. Nací en Montreal, de judíos huidos de Europa. Hoy estamos más comunicados: ahora debemos esforzarnos por conocernos mejor. Los ciudadanos debemos evitar que nuestra salud dependa de los beneficios que vaya a dar un fármaco.

Los científicos se fijan objetivos, pero la investigación avanza por intereses. En biotecnología los grandes laboratorios sólo investigan aquello que les dará beneficios y cuanto antes mejor.

Eso se llama mercado.
Pues es un error dejar que el mercado decida cuánto vamos a vivir las personas. Porque, si sólo investigamos lo que da dinero a unos pocos a corto plazo, viviremos todos también un corto plazo y mucho peor.
Por ejemplo.
Las farmacéuticas empiezan por hacer un plan de marketing para calcular cuánto pueden ganar con un medicamento. Y luego, sólo si prevén grandes beneficios, investigan.

Son empresas: necesitan ganar dinero.
Pero hay áreas como la malaria, por ejemplo, en la que he trabajado con mi equipo, y no acaba de solucionarse, porque quienes la sufren no pueden pagar medicinas.

¿Sólo se investigan dolencias de ricos?
Tampoco todas. A menudo, se deja de innovar en medicamentos, muy necesarios también en nuestras sociedades ricas, porque se da prioridad a otras líneas que prometen más beneficios, aunque salven menos vidas.

¿Puede ser más concreto?
Yo investigo el ácido ribonucleico y tendríamos grandes posibilidades de realizar avances cruciales en antibióticos.

Estupendo.
Pero después no nos financian esa investigación, porque la expectativa de beneficio ya está cubierta en el mercado por antibióticos muy rentables.

¿Eso afecta a nuestra salud pública?
Por supuesto. Por eso los ciudadanos deberíamos presionar para que se revise y amplíe la noción de beneficio: ¿Beneficio es sólo ganar dinero a espuertas? ¿No podría ser ganar un poco menos y crear más valor?

¿Qué propone?
Poner el mercado, al menos en biomedicina, al servicio de nuestras vidas y no al revés. Hay que lograr cambiar mentalidades de una en una. Yo me paso más horas pidiendo dinero para investigar que investigando. Y encuentro donantes que saben ver ganancias más allá del dinero.

¿No les promete beneficios?
Les doy la satisfacción de sentir que mejoran el mundo con su dinero. Y que se sepa. Eso no se lo puede proporcionar ningún banco.

¿Y le hacen caso?
Cada vez más. Porque también la ciencia hoy suscita más interés que nunca.

¿Por qué?
El gran público ha descubierto que la ciencia cambia sus vidas cada día. Empezó a percibirlo en la Segunda Guerra Mundial, cuando la carrera por conseguir la bomba atómica iba a decidir el destino del mundo.

Ya es triste.
Y desde entonces llevamos sesenta años de creciente interés por la investigación científica. Además se han incorporado a la profesión millones de investigadores.

¿Eso es tan bueno como parece?
Sólo a medias, porque con esos millones de nuevos investigadores no han llegado billones de nuevos fondos.

¿Más científicos logran más avances?
No necesariamente. La multiplicación de profesionales no significa que vayan a surgir más Newtons o Einsteins -eso depende del azar-, pero sí asegura que los avances que hagan los equipos punteros se apliquen con mayor rapidez y en más sitios.

¿Usted volvería a ser científico?
Sin dudarlo.

¿Aunque no le dieran el Nobel?
¡Nunca me lo propuse! Muchos jóvenes investigadores me piden consejo para que les diga qué investigar para ganar el Nobel.

¿Qué les dice?
Que investigar para ganar el Nobel es de idiotas. Si no se sienten gratificados por lo que consiguen cada día en su trabajo, es mejor que se dediquen a otra cosa.

La ambición puede ser sana.
Pero si se proponen ganar el Nobel, están condenándose a sí mismos al fracaso.

¿Por qué?
Porque sólo debes proponerte lo que sólo depende de ti. Y ganar el Nobel no depende sólo de ti. Además de merecerlo, debes tener la suerte de que te toque. El buen investigador sabe que la investigación gratifica en sí misma. Y si encima te dan el Nobel, mejor, pero ya no importa, porque tú ya has obtenido toda tu vida tu premio diario.

¿Cómo gratifica la investigación?
Es como un enorme puzle que tiene un premio cotidiano; incluso los días en que no logras nada se hace más y más interesante, porque cada error elimina una posibilidad de volver a equivocarte.

Y si encima descubres algo, estupendo.
Entonces, además, tienes la recompensa de saberte útil y, si tus colegas te lo reconocen, ya es la felicidad completa. Porque eso a veces es más difícil que el Nobel.

¿Hacía dónde investiga usted ahora?
Procuro no ser demasiado práctico, porque la mayoría de dinero y talento se dirige hoy hacia la biomedicina y es un error, porque es demasiado aplicada y en ciencia el camino más corto entre dos puntos es un largo rodeo por la teoría y la investigación básica.

Eso parece alejarse de las soluciones.
Al contrario, la mayoría de las soluciones en ciencia puntera surgen cuando no las buscas. Te tropiezas literalmente con ellas cuando buscas otras… Siempre que estés trabajando mucho, por supuesto.

Cada día, un premio

El primer principio de la investigación es que se encuentra lo que se busca, pero Altman apunta que el talento está en saber interpretar lo inesperado: “La mayoría de los descubrimientos -recuerda- aparecen cuando vas buscando otra cosa… Siempre que estés trabajando mucho”. La clave es que ese “trabajar mucho” para el investigador no significa sufrir mucho, sino todo lo contrario: “Investigar es enfrentarte a un puzle apasionante que nunca acabas de resolver del todo, pero que cada día te proporciona una satisfacción, aunque te equivoques, porque cada error elimina la posibilidad de cometer otro”. Y cuando sabes vivir algo tan grande, el Nobel se queda pequeñito.

Fuente: La Vanguardia
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Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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