Juan Gérvas: Libertad y equidad. Un paseo por el dolor y la muerte


En Dempeus per la Salut Pública nos esforzamos por distinguir “salud” de “ausencia de enfermedad” y por tanto, pensamos que SÍ existe el derecho a la salud (en el respeto de los Derechos Humanos y en el sentido que  las muchas conquistas ciudadanas  han significado avances en las políticas de salud entendida en sentido amplio, social, de afianzamiento de la autonomía y  la solidaridad y una vida más digna y humana ).   Sin embargo, creemos de interés difundir este artículo de  Juan Gérvas, médico rural y mucho más, publicado en Acta sanitaria.  En el mismo habla de la sanidad, de nuestros derechos, y parte del principio de que el sistema sanitario es un determinante de salud fundamental para, después de pasar por lo que sucede en los modelos de asistencia liberalizados (caso de Estados Unidos), arremeter contra el cambio de sistema promovido por el Real Decreto-Ley 16/2012 y sus promotores, a la vista de lo que ocurrirá a partir del 1 de septiembre. Decreto ya aprobado el viernes 3 de agosto.

Determinantes sociales de salud

Para ser humanos precisamos de genes y de cromosomas humanos. La salud depende básicamente de esta “carga genética” con la que nacemos. También depende de la alimentación y de las condiciones de vida de nuestra madre antes y durante el embarazo, y más allá (los 1.000 primeros días de un niño son clave, desde la concepción hasta el segundo cumpleaños). Fundamental en salud es la educación, personal y de nuestros padres (especialmente de la madre). También tener una vivienda y un trabajo digno. Se complementa con el suministro y depuración de aguas, y con la justa distribución de la riqueza (por eso es tan importante la democracia para la salud). La existencia de un sistema sanitario es también un determinante de salud; así, precisamos de un sistema sanitario capaz de suministrar vacunas esenciales y de enfrentarse a los problemas de salud agudos y crónicos, incluso para morir (sin dolor, por ejemplo).

La salud depende de muchos determinantes y nadie puede “asegurarla”; por ello no existe propiamente “el derecho a la salud”. Si existiera “no habría derecho a tener gripe”, por ejemplo; e iría contra tal derecho el morirse. La salud es un valor, como la belleza, la inteligencia, la paz interior o el amor, y nadie puede “asegurarla”. Las obligaciones de los poderes públicos respecto a la salud son: defensa de la salud (protección-legislación, como la que regula el transporte de mercancías peligrosas), incremento de la salud (promoción-intervenciones, como la construcción de pistas de deportes), evitar las enfermedades y sus consecuencias (prevención-actividades, como la vacunación infantil) y organización de los servicios personales (atención clínica-prestación de servicios en hospitales y en atención primaria).

Los sistemas sanitarios públicos de cobertura universal

La enfermedad, el dolor y la muerte nos conmueven a los humanos, y en la búsqueda de alivio para nosotros y para los otros aceptamos “agruparnos” y sostener entre todos un sistema sanitario que permita aquello de “hoy por ti, mañana por mí”. El sistema sanitario es un importante determinante de salud. Las sociedades desarrolladas llevan más de cien años elaborando normas y estructuras para llevar el sistema sanitario a toda la población, con independencia de su “capacidad de pagar”. Son los sistemas públicos de cobertura universal típicos de los países desarrollados, con la excepción de los EEUU. Son sistemas basados en la equidad.

La enfermedad y la muerte se acompañan de sufrimiento, y de riesgo de bancarrota. Cuando no hay un sistema público de cobertura universal hay peor salud, mayor gasto en salud, y más bancarrotas por enfermedad.

Entre la libertad y la equidad (entre la autonomía y la justicia)

Las sociedades desarrolladas se debaten entre la libertad y la equidad. La libertad absoluta es una quimera, y en el sentido económico más. Basta recordar los efectos mortíferos del “laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même” en Irlanda, a mitad del siglo XIX, con la crisis por el tizón tardío de las patatas, frente a la que no se intervino y que conllevó la muerte y emigración en masa. La equidad absoluta también es una quimera, y en el sentido económico más. Basta recordar el infierno comunista de la URRSS de Stalin a mediados del siglo XX y los millones de muertos “políticos”.

Los sistemas sanitarios también se debaten entre la equidad (servicios según necesidad a todos los habitantes, sin o con mínimas barreras para el acceso) y la libertad (servicios según capacidad y deseo de pago, o con criterios restrictivos para el acceso como “aseguramiento” a través del trabajo)

http://www.equipocesca.org/organizacion-de-servicios/primary-health-care-oriented-systems-for-whom-why-and-how/

En los sistemas sanitarios que valoran la equidad, la atención primaria (el médico de cabecera) es importante. Si se valora más la libertad, el importante es el especialista (y el hospital).

Respecto al sistema sanitario, la libertad es valor clave en los EEUU, donde incluso se duda de que se pueda forzar a la población a tener un seguro. Allí el principio bio-ético básico es el de la autonomía, el respeto a las finalidades del individuo. Allí la equidad es valor secundario, como lo es el principio bio-ético de justicia (distribución de cargas y beneficios, según capacidad y necesidad, que incluye el rechazo a la discriminación por cualquier motivo). Por eso no existe allí un sistema sanitario público de cobertura universal.

Lo que sucede cuando no hay un sistema sanitario público de cobertura universal (el ejemplo de los EEUU)

La libertad en EEUU se paga con dinero, con peor salud y con más enfermedad y muerte. Por ejemplo, con mayor mortalidad infantil y materna que ningún otro país desarrollado del mundo (de hecho, la mortalidad materna está aumentando en los EEUU). Por ejemplo, con más años potenciales de vida perdidos; por cada 100.000 mujeres son 3.600 (en España, 1.950) y por cada 100.000 varones son 6.400 (en España, 4.350).

Por ejemplo, los EEUU gastan el 17% de su Producto Interior Bruto en salud (contra el 8% de Japón, que en dólares por cabeza y año son 8.000 contra 2.900). Por ejemplo, el gasto de bolsillo en salud es de 976 en los EEUU, contra 454 en Japón. Y en medicamentos, 960 dólares por cabeza y año en los EEUU y 560 en Japón (donde el porcentaje de mayores de 65 años es del 23% contra el 13% en los EEUU). Además, el gasto en administración sanitaria es cuádruple en los EEUU.

La mala salud de los EEUU se debe tanto a la falta de acceso de los que lo necesitan (pero no pueden pagarlo) como a los excesos de atención en los que no lo necesitan (pero pueden pagarlo). La atención sanitaria es la tercera causa de muerte en los EEUU, por efectos adversos y excesos varios

http://www.coronadomd.com/articles/USHealthCareBestJAMA.pdf

El gasto en problemas de salud es la causa más frecuente de bancarrota familiar en los EEUU. El coste es tan alto y los seguros tan escasos que las familias no pueden hacer frente a las enfermedades. Entre las bancarrotas de las familias por causa de gastos médicos, el 75% tenía seguro pero fue insuficiente. La mayoría de las familias en bancarrota por los gastos médicos son de clase y educación media, pues no es un problema de los pobres (que tienen una especie de “beneficencia” muy deficiente, “Medicare”). Al comparar los EEUU con otros países desarrollados (Alemania, Australia, Canadá, Francia, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suiza y Suecia) se demuestran en los EEUU los problemas de acceso a médicos y servicios necesarios, y del reintegro de gastos (al 25% se le negó, o tuvo menor reembolso del preciso).

El predominio absoluto de la libertad, y de la “mano del mercado” se paga en los EEUU con costes insoportables, con despilfarro en administración, con cuidados en exceso y mortales para algunos y, en defecto para la mayoría, con mala salud de poblaciones e individuos y con bancarrotas familiares.

El paso de un sistema sanitario público universal a un sistema sanitario público para “asegurados”

Desde el 1 de septiembre de 2012 España cambia su sistema sanitario, sin debate parlamentario ni social. Se pasa de un sistema sanitario público de cobertura universal para todos los habitantes a un sistema sanitario público sólo para “asegurados”. Se excluyen, además, muchos servicios esenciales incluso para los “asegurados”. Se ha elegido, pues libertad (y autonomía) contra equidad (y justicia). Veremos casos del estilo de:

Paciente de 22 años, senegalesa, soltera, vive en condiciones precarias en un “piso patera”, hace algún trabajo ocasional ilegalmente ya que “no tiene papeles”. Acude a su médico de cabecera, en el centro de salud, pues le ha faltado la regla y se ha hecho una prueba en la farmacia que da positiva. Quiere confirmar el embarazo y abortar. No tiene tarjeta sanitaria. El médico confiesa su impotencia, y le recomienda un aborto farmacológico, comprando el medicamento en el “mercado negro”

http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2010/11/aborto-mys-2010.pdf

La paciente lo intenta (emplea un medicamento “falso”) y acaba en urgencias con aborto incompleto por causa mecánica (aguja de hacer punto). Se practica una histerectomía y se complica con septicemia. Muere por fallo multiorgánico, tras un mes de hospitalización.

Paciente varón de 68 años, viudo, colombiano, vive con sus hijos (cuidaba de los nietos), en seguimiento a domicilio por insuficiencia cardíaca, en situación estable. Toda la familia carece de “papeles” y en la actualidad ninguno tiene trabajo formal alguno. El 1 de septiembre dejan de ir a ver al paciente su médico y su enfermera, y se dejan de hacer las recetas y de seguir al enfermo. La situación se vuelve imposible y al cabo de tres meses el paciente empeora hasta morir con disnea y agonía de días en el hospital.

Mujer de 55 años, rusa, sin trabajo, sin “papeles”, se ha dedicado a la prostitución, ahora vive en la calle, acude regularmente al servicio de oncología en el hospital para su quimioterapia. Padece cáncer de pulmón, fue intervenida hace un año. El 1 de septiembre la dejan de recibir y de atender. Muere a las tres semanas, de un vómito de sangre (hemoptisis, en realidad), bajo el puente en que se había refugiado.

Varón de 25 años, con SIDA y tuberculosis. Carece de “papeles”. Es argentino, fontanero a ratos en la economía sumergida. Le contagió el SIDA su novio, con el que ha roto. Acude a por su medicación hasta el 1 de septiembre, cuando le comunican que “no está asegurado”. Deja el tratamiento y en los meses siguientes contagia de SIDA a varios contactos sexuales, y de tuberculosis (que se ha vuelto multi-resistente) a varios parroquianos del bar al que solía acudir. El estudio del brote de tuberculosis multi-resistente lleva a su localización e ingreso (por orden judicial); muere al cabo de meses de hospitalización, por toxoplasmosis cerebral.

Y suma y sigue, dolor, sufrimiento, enfermedad, muerte y sobre-coste. El Real Decreto-ley 16-2012 desprende desprecio a los habitantes de España, a los “asegurados” y al sistema sanitario (y a sus profesionales). Castiga a todos los españoles como si fueran banqueros, políticos, sindicalistas, promotores y/o constructores (los responsables de la crisis). Falta al principio básico bio-ético de justicia y refleja la arrogancia y soberbia de quienes se tratan untuosamente de “señorías” y sólo les falta besarse en la boca para dejar claro sus lazos mafiosos (en contra de la salud de los habitantes de España y para bloquear la democracia y no cambiar la Ley Electoral).

¡Caiga sobre sus cabezas la sangre de los que sufrirán y morirán por aplicación del RDL 16-2012!

Juan Gérvas (jgervasc@meditex.es) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

 
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Acerca de Dempeus per la salut pública

Col·lectiu de persones en defensa de la salut pública
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2 respuestas a Juan Gérvas: Libertad y equidad. Un paseo por el dolor y la muerte

  1. Toni Barbarà dijo:

    Desde el reconocimiento y la admiración que me merece la persona del colega Juan Gérvas y su enorme capacidad de análisis y comunicación, tengo que discrepar puntualmente en alguna idea expresada en el artículo.
    Me refiero a la afirmación que “no existe propiamente el derecho a la salud”. Para nosotros, en Dempeus, “La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa” como definió el Congreso de médicos y biólogos catalanes en Perpignan 1976. Pero servirían igualmente otras deficiciones clásicas de salud avaladas y formuladas por la mismísima OMS.
    Asi pues las administraciones ylos gobiernos deben reconocer, y reconocen, esta aspiración humana en sus cartas y declaraciones fundamentales de dercehos. Y además “deben” proveer los instrumentos que permitan el ejercicio de este derecho, como de cualquier otro.
    No se trata pues de garantizar el hecho de “vivir sin gripe”, ni enfermedad , sin dolor o muerte, que a la postre todo ello suele resultar usual, inevitable, o ineludible como en el caso de la muerte. Hablamos del derecho reconocido a ser feliz, a vivir de una determinada manera, a reivindicar promoción, prevención, preservación y atención las personas en aras de la salud humana. Y sabemos que la salud es un cocepto, una categoría, con un trípode determinante: bio-psico-social, o quizás socio-psico-biológico si atendemos a relevancias o importancias.
    Así pues entiendo que “la frase” aludida, resulta inapropiada, pero sobretodo peligrosamente inductora o utilizable al servicio de teorizaciones biologistas- curativistas- mecanicistas. Sobretodo cuando pienso que en el fondo se tratra de una de las “boutades” habituales de provocador, polémico, inteligenmte y sugerente Dr Gèrvas.
    … Tal y como se desprende de la lectura del todo el contenido del resto del artículo… con tantas coincidencias y complicidades por lo público, lo solidario y lo civilizado.
    ¡SALUD compañero !
    Toni Barbarà

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